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Tormento, de Benito Pérez Galdós

El enfrentamiento entre fuerzas opuestas: imaginación y realidad, dependencia y libertad, razón y sensibilidad… todo ello constituye el núcleo de la famosa novela de Benito Pérez Galdós: “Tormento”.

Ambientada en la época de Isabel II, la novela es una fuerte crítica, ante todo, de la hipocresía y del conflicto que hay entre el ser y el parecer. Se trata de una detallada crónica de la sociedad del siglo XIX, concretamente de noviembre de 1867 a febrero de 1868. La novela “Tormento” salió a la luz en 1884. Se publicó entre “El Doctor Centeno” y “La de Bringas” con las cuales, de alguna forma, está emparentada. Y es que todas ellas comparten varios personajes como pueden ser: José Ido del Sagrario, Felipe Centeno, Francisco Bringas y Rosalía.

Lo que nos quiso transmitir Galdós con esta obra es que la realidad pura y dura es la que rige nuestra vida diaria. Ello tal y como afirma el personaje de Ido en el libro nos queda muy claro: “¿Ves, ves? La realidad nos persigue”. Lo cierto es que los personajes son los típicos de este tipo de literatura popular: “Hombres embozados, alguaciles, caballeros flamencos y unas damas, chico, más quebradizas que el vidrio y más combustibles que la yesca”.

“Tormento” pertenece al ciclo de las novelas contemporáneas que comenzó Galdós con “La desheredada”. Con “Tormento” el autor vuelve a romper con los modelos establecidos en sus anteriores obras. Así, no se deja llevar por lo tradicional y toca varias técnicas narrativas al mismo tiempo. Nada más empezar la obra, José Ido del Sagrario explica a Felipín Centeno que está redactando un folletín acerca de dos hermanas huérfanas y ello será realmente el tema de esta novela: “Mis heroínas tienen los dedos pelados de tanto coser, y mientras más les aprieta el hambre, más se encastillan ellas en su virtud. El cuartito en que viven es uno. Ni Refugio o Amparo se ganan la vida cosiendo, ni menos se aferran a su virtud en los crecientes momentos de necesidad económica por la que pasan. Refugio, que vende sus encantos a quien pueda pagárselos, intenta en un principio esconder a su hermana el verdadero origen de sus entradas de dinero: ¿Soy yo mala? No. Me preguntas que cómo he comprado las botas y he arreglado mi vestido. Pues te lo diré. Estoy sirviendo de modelo a tres pintores… Modelo vestido, se entiende. Gano mi dinero honradamente”.

Pero, el argumento gira sobretodo entorno al personaje de Amparo Sánchez Emperador, la cual es pretendida por dos hombres que no tienen nada que ver el uno con el otro. Por su parte, Amparo va a dudar siempre sobre si revelar su secreto o no. Así, el dolor de la muchacha, que no sabe si hablar de lo que la preocupa o no, es evidente: “Si yo me atreviera -pensaba después en casa de Bringas-. Pero no; segura estoy de que no me atreveré. Ahora sé lo que he de decirle, y cuando lo veo delante, adiós idea, adiós propósito. Soy tan débil, que sin duda me hizo Dios de algo que no servía para nada”. 

Uno de los intereses que tiene la novela es que no se comenta con detenimiento el supuesto pasado sombrío que tiene Tormento. Ese pasado, que a ella le cuesta tanto revelar no queda aclarado del todo y por ello la imaginación del lector, en este caso, juega un papel muy importante. De este modo, cuando la joven se pronuncia respecto a esto, la verdad es que no se detalla la conversación. No obstante, hay que decir que la novela sí nos permite hacernos una idea aproximada de lo que le haya podido ocurrir anteriormente a la muchacha.
La obra entremezcla varias técnicas narrativas como es la de comenzar y acabar en teatro. Luego, el curso de la novela sigue con la típica voz del narrador y transmite el modo de pensar de los personajes. Se trata de una novela realista. De esta forma, el autor adapta el lenguaje a la naturaleza de cada personaje y describe además, todas sus características físicas, así como sus actuaciones. El resultado es que tenemos la sensación de estar viendo a tal persona en vivo y en directo. Sin duda, Galdós consigue adentrarnos completamente en la novela y en el característico ambiente de ésta gracias a su cuidado en los detalles.

La minuciosidad en la descripción nos lleva a conocer a los protagonistas perfectamente. Así, entendemos fácilmente la forma de ser que tienen los personajes. Por ejemplo, nos fijaremos en el caso de Agustín Caballero: “En el cerebro del tímido surgió un bullicioso tumulto de ideas; palabras mil acudieron atropelladas a sus secos labios. Iba a decir admirables y vehementes cosas, sí, las diría… O las decía o estallaba como una bomba. Pero los nervios se le encabritaron; aquel maldito freno que su ser íntimo ponía fatalmente a su palabra le apretó de súbito con soberana fuerza, y de sus labios, como espuma que salpica de los del epiléptico, salpicaron estas dos palabras: vaya, vaya”.

En cuanto a estilo, el de Galdós cuenta con una habilidad especial para el lenguaje popular. No es de extrañar que el mismísimo Baroja comentara de él que: “sabía hacer hablar” al pueblo. De este modo, el célebre escritor se servía a menudo del diálogo. De hecho llegó a ensayar obras totalmente dialogadas. Básicamente, el estilo de Galdós se complace en la naturalidad. Se aleja de cualquier técnica retórica para alcanzar un objetivo. Esto es, hacer llegar al público su visión realista, de una forma directa. Por este motivo, su lenguaje es siempre un acercamiento constante al habla popular y en ocasiones, hasta al lenguaje más vulgar. Otras veces, el Galdós más costumbrista llega a presentar unos personajes un tanto infantiles. Desde luego, un toque de humor nunca le falta al narrador canario. Un humor que roza, a menudo, el sarcasmo y la ironía.

Finalmente, decir que el título de la obra no es más que una alusión a la manera en que Pedro se dirige a Amparo. Lo vemos, por ejemplo, a través de su dramática correspondencia: “Tormento mío, Patíbulo, Inquisición mía”. También nos percatamos de esto cuando ella firma sus misivas: Nada puedo leer sino un nombre que era la firma y decía: Tormento. Con la o final se enlazaba un garabatito… Sí, era su garabatito, su persona autografiada en aquel rasgo que parecía un pelo rizado”. Pero, el título del magistral libro de Galdós también se refiere, por otra parte, al inevitable sufrimiento de la dama y a sus terribles vacilaciones.








...por Carme Bosch ...por Carme Bosch


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