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Titus Groan, de Mervyn Peake

El británico Mervyn Peake (1911-1968), ilustrador, poeta y novelista, es hoy recordado fundamentalmente por la llamada “trilogía de Gormenghast”, formada por los libros Titus Groan, Gormenghast y Titus Alone.

Titus Groan inaugura una de las sagas más singulares de la literatura. El marco de la acción es el castillo de Gormenghast, que alberga la dinastía nobiliaria de los Groan. Ésta trilogía ha sido englobada dentro de la literatura fantástica, aunque en ella el extrañamiento no viene dado por hechos sobrenaturales, sino por lo excéntrico de sus personajes y situaciones. Se ha convertido en una obra de culto que ha ganado adeptos fieles desde su aparición, y ha merecido los elogios de escritores como Graham Greene, Anthony Burgess o C.S. Lewis.

La familia Groan y su séquito de sirvientes conforman un inventario de personajes singulares nacidos de la fértil imaginación del autor. Ese extrañamiento al que hemos aludido aparece ya desde los nombres que ostentan, traducidos con mayor o menor fortuna en la reciente edición española de Minotauro (traducción que constituye uno de los aspectos más criticados de dicha edición). El conde, Lord Sepulcrave (Sepulcravo), es un hombre melancólico y amenazado por la locura. La rubicunda condesa Lady Gertrude vive rodeada de pájaros de varias especies. Su hija Fuchsia (Fucsia) es una muchacha hosca, soñadora e imaginativa. La niñera Nannie Slagg (Tata Ganga) es una anciana simple y temerosa. El criado del conde es el apergaminado Flay (Excorio), que alberga una honda animadversión hacia el orondo chef de cocina Swelter (Vulturno), un desprecio correspondido por este último. El médico es el doctor Prunesquallor (Prunescualo), que sazona sus conversaciones con risitas espasmódicas. El nonagenario maestro de ceremonias Sourdust (Agrimoho) es el custodio de la férrea tradición que rige la rutina del castillo. Las hermanas de Sepulcrave, Cora y Clarice, son dos mellizas idénticas deseosas de poder. El Poeta es uno de los escasos interlocutores del conde Sepulcrave. Todos ellos conforman una turba de personajes bien construidos que logran hacerse un hueco en la memoria del lector. En los libros posteriores algunos de ellos desaparecen y se introducen otros nuevos.

No se dan datos acerca del pasado de la familia y de su morada, pero se adivina que es una estirpe centenaria y que ese pasado no debió diferir en mucho del presente. Los cimientos del minucioso sistema que rige los comportamientos de los habitantes de Gormenghast van a resultar conmocionados por el nacimiento de Titus, el heredero de ojos violeta de Sepulcravo y futuro conde septuagésimo séptimo, y por las tretas de Steerpike (Pirañavelo), un joven pinche de cocina que va a emprender una serie de maquinaciones para hacerse con el poder. El intrincado castillo es un personaje más, y la presencia de sus muros, sus torres y almenas y sus estancias sombrías gravita continuamente en el transcurso de la historia, no sólo como marco físico, sino también como trasunto visual del clima psicológico que se respira.

No hay comunicación entre sus habitantes y el mundo exterior, salvo por acontecimientos puntuales como el rito según el cual los habitantes de las casas apiñadas en torno a la muralla brindan a los nobles una vez al año unas tallas de madera, de las cuales se salvan no más de tres a ser conservadas en la Galería de las Tallas Brillantes al cuidado del señor Rottcodd, o la búsqueda de una nodriza para el recién nacido. Las gentes del pueblo que circunda la muralla componen una estampa polvorienta de seres prematuramente envejecidos. Incluso dentro del castillo hay estancias que son reductos prácticamente incomunicados, como la citada Galería de las Tallas Brillantes en la que transcurre la vida de Rottcodd, el desván al que en principio únicamente Fuchsia tiene acceso por medio de una puerta oculta tras su cama y en el que se siente dueña de un reino secreto, la biblioteca en la que Lord Sepulcravo pasa la mayor parte del tiempo que no le roban los deberes impuestos por la tradición o los aposentos de las gemelas Cora y Clarice en el ala sur. La familia parece reunirse únicamente en aquellos actos propios del protocolo, y los condes ven a su hijo Titus en contadas ocasiones tras su nacimiento y no muestran excesivo interés en él. Gormenghast es un mundo cerrado, anquilosado y constreñido por el peso de esa tradición que rige la vida del castillo y que Agrimoho o Excorio se ocupan de hacer cumplir. Será Fuchsia la llave de la que se servirá Steerpike para comenzar a escalar posiciones y minar progresivamente la ya precaria solidez de ese mundo.

Sting compró en 1982 los derechos para trasladar la historia de los moradores de Gormenghast a la pantalla. El cantante británico profesa auténtica devoción por los libros de Titus, hasta el punto de bautizar a su hija con el nombre de Fuchsia y a su productora como Steerpike. Otro entusiasta es Robert Smith, el líder de The Cure, cuya canción “The Drowning Man” contiene referencias a la trilogía, más específicamente al personaje de Fuchsia Groan. En su momento, como el propio Graham Greene señalaba, el cine no estaba preparado para afrontar la empresa de transformar en imágenes el febril y delirante mundo de Gormenghast, pero en 2000 la BBC llevó finalmente a cabo una adaptación televisiva bajo la forma de una miniserie de cuatro capítulos, en la que participó Christopher Lee como Flay. El actor que en su día fue icono de la productora británica Hammer está siendo objeto en los últimos años de una recuperación por parte de directores como Peter Jackson en la adaptación cinematográfica de El Señor de los Anillos o George Lucas en El ataque de los clones, segundo episodio de las precuelas a La Guerra de las Galaxias. Lee conoció en persona a Mervyn Peake; ambos solían encontrarse frecuentemente en la vieja biblioteca Harrod’s. Antes (en 1984) se llevó a cabo un serial radiofónico con la participación de Sting en el rol de Steerpike.

La prosa de Peake es tremendamente evocadora y visual (no en vano el autor cultivaba también la pintura), y no resultaría gratuito establecer comparaciones entre la estética de estas obras y el cine de Jeunet y Caro o Tim Burton. La peculiar fisionomía de los personajes nos es legada no sólo a través de las descripciones, sino también por medio de las ilustraciones en las que el propio autor les retrató. Además de sus obras, Peake ilustró libros de los hermanos Grimm, Coleridge, Lewis Carroll o Robert Louis Stevenson.

Titus Groan vio la luz en 1946, un año después del final de la Segunda Guerra Mundial. Peake se vio involucrado directamente en la misma, primero como recluta y después como artista en una visita al campo de concentración de Belsen, donde efectuó impactantes retratos de niños que habían sido recluidos allí. Esta experiencia, según el propio autor, le afectó hondamente. El hecho de que su gestación tuviera lugar durante los convulsos años de la contienda bien pudo aportar su grano de arena al carácter del libro, aunque no hay referencias políticas directas en la trama.








...por Juan R. Vélez ...por Juan R. Vélez


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