El tono intimista, la visión sombrÃa de la existencia humana, la rotura con las formas métricas de su tiempo, causante del resurgimiento cultural de Galicia, su huida del mundo social de la España de la época…
RosalÃa de Castro nunca buscó la fama ni la inmortalidad, sin embargo fue inevitable su reconocimiento en vida y es una de las grandes escritoras de la literatura española y universal. Poetisa de técnica envidiable y de métrica novedosa, de hondura y preocupación por temas sociales y culturales que la catalogan como el primer poeta social de la penÃnsula. La recuperación del gallego, el dominio del castellano, su lucha metafÃsica a través de su pluma, por siempre RosalÃa, precursora del modernismo en España.
Nació en Santiago de Compostela en febrero de 1837. Se le bautizó casi inmediatamente con el nombre de MarÃa RosalÃa Rita, de madre soltera y padre desconocido (supuestamente un cura de la zona). En su niñez desarrolló un talento especial para el dibujo, la música y la declamación. A los 12 años escribió sus primeros versos y a los 15 se hacÃa notar en el Liceo de San AgustÃn de Santiago debutando en una función de aficionados.
Se casó con Manuel MurguÃa, excelente escritor y periodista, figura destacada del renacimiento polÃtico y cultural de Galicia y fue su marido el que la convenció de que publicara sus obras. Tuvo siete hijos, a pesar de la tuberculosis, a los que sobrevivió. Huyó siempre de las reuniones sociales y de la vida pública de la época dedicándose al hogar, a su familia y a la literatura.
En su última obra, Follas novas, recoge la particular visión de la vida sincera y sin intención pedagógica de la autora: la defensa de la emoción personal ante la felicidad que nunca se consigue y la inutilidad que implica la aspiración a la belleza sobrenatural.
RosalÃa lucharÃa siempre con su precaria salud y a menudo con la penuria. Un cáncer se la llevó de entre nosotros con cuarenta y ocho años de edad. Murió en su casa de Padrón, que hoy es un museo.
Contexto
El siglo XIX, en España y en el mundo, supuso una época de luchas por conquistar por parte de las mujeres las cotas de identidad y reconocimiento que venÃan manteniendo los hombres. Muchos nombres de mujer se impulsarÃan en esta época logrando estos propósitos no sin luchar ni sin plantear demostraciones leoninas en un mundo machista.
En España, en la segunda mitad del siglo XIX, las reuniones sociales y tertulias proliferaban. Era una forma interesante de penetrar en el mundo polÃtico, de las artes y las ciencias y conseguir el apoyo de mecenas y autoridades.
RosalÃa de Castro, quizás por motivos de salud, quizás por una inteligencia dedicada a la profundidad de su vida y obra, siempre eludió la vida social y la búsqueda del reconocimiento público. En 1857 RosalÃa publicó sus primeros versos en el Museo Universal y su primer libro: “La flor”, con poemas en castellano a modo de Espronceda. En Madrid conoció a Eulogio Florentino Sanz que le puso en contacto con la poesÃa alemana, Heine especialmente, a través de versiones francesas. Trató también con Ventura Ruiz Aguilera, recibiendo influencias de Murgia, su marido y del poeta vizcaÃno Antonio de Trueba.
Junto con Gustavo Adolfo Bécquer, se le considera a la escritora la precursora de la modernidad e iniciadora de una nueva métrica castellana. Asà mismo, junto a Curro EnrÃquez y Condal se la sitúa artÃfice del Resurgimiento cultural de Galicia, sobre todo con la publicación de “Cantares gallegos” donde se protesta contra el centralismo castellano.
Su obra, incomprendida en su tiempo, logró con la generación del 98, el reconocimiento de la crÃtica que ha subrayado su novedad temática y técnica.
Obra
RosalÃa muestra una visión sombrÃa de la existencia humana, los versos son a menudo de tono intimista, de extraña penetración y cargados de nocturna belleza.
Escribió en gallego y castellano. Sus poemas, desprovistos de toda esperanza, suponen un punto de partida de la lÃrica moderna. Rompe con las formas métricas de su tiempo y presenta unas imágenes religiosas inquietantes y poco tradicionales.
Muchos de sus libros recogen reminiscencias de la antigua lÃrica galaico-portuguesa, de origen provenzal, especialmente de la popular, con notables protestas contra el centralismo castellano y la vida miserable del campesino gallego que le obliga a emigrar. Hay en RosalÃa, un propósito declarado de reivindicación idiomática que da un sentido peculiar a su obra, sobre todo si se considera que en el momento que apareció se desconocÃa en Galicia la tradición lÃrica medieval galaicoportuguesa. RosalÃa trabaja convencida de estar convirtiendo en lenguaje literario una lengua sin tradición escrita.
En su obra madura, Follas novas, ve el mundo con adversidad y la existencia humana como dolor, con toques intimistas. El libro desconcertó en su momento a la crÃtica y a los lectores. Está muy lejos ya de la base folklórica de “Cantares gallegos”. Se trata de una poesÃa de raÃz metafÃsica en la que RosalÃa, con rara precisión, expresa temas y problemas de raÃz existencial. Además creó una poesÃa universal de asombrosa vigencia actual, desde un rincón provinciano. Recoge también poemas de denuncia que la configuran como el primer poeta social de la penÃnsula.
Sus caracterÃsticas y temática como escritora lÃrica se trasladan también a sus novelas. Peculiar es el giro irónico e imaginativo de la primera obra en castellano “El caballero de las botas azules”.
Destacamos de su lÃrica, “Follas novas”, “Cantares gallegos”, “En las orillas del Sar” y “La hija del mar”
Aunque la crÃtica sitúa sus novelas muy por debajo de su poesÃa, es preciso mencionar “La hija del mar”, “Flavio”, “Ruinas”, “El caballero de las botas azules” y “El primer loco”.
Sus sÃmbolos inspiraron autores como Antonio Machado, y Juan Ramón Jiménez la sitúa entre los predecesores de la revolución poética iniciada por Rubén DarÃo.

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Excelente biografÃa de la escritora RosalÃa de Castro.
Aprovecho la ocasión para dejaros un poema de ella:
Pobre alma sola
¡Pobre alma sola!, no te entristezcas,
deja que pasen, deja que lleguen
la primavera y el triste otoño,
ora el estÃo y ora las nieves;
que no tan sólo para ti corren
horas y meses;
todo contigo, seres y mundos
de prisa marchan, todo envejece;
que hoy, mañana, antes y ahora,
lo mismo siempre,
hombres y frutos, plantas y flores,
vienen y vanse, nacen y mueren.
Cuando te apene lo que atrás dejas,
recuerda siempre
que es más dichoso quien de la vida
mayor espacio corrido tiene.
RosalÃa de Castro no disfrutó de la gloria literaria, que merecÃa más que todos los escritores de su generación, cuando a los cuarenta y ocho años le llegó su final temprano.