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Pedro Salinas

Poeta, dramaturgo, novelista y crítico y el mejor representante español de la llamada poesía pura en la Generación del 27.

Salinas es ante todo el poeta del amor, Guillén define su poesía como intelectual, pasional y sensual al mismo tiempo.

Este poeta español nació en Madrid en el año 1891. Hijo de Pedro Salinas Elmas, comerciante de géneros, y de Soledad Serrano Fernández. Estudió la carrera de Derecho y más tarde Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid. Desde joven quiso dedicar su vida a la docencia. Entre los años 1914 y 1917 fue lector de español en La Sorbona y entre 1922 y 1923 en Cambridge. En La Sorbona se doctora en Letras y adquiere una gran admiración por la obra de Marcel Proust, tanto que tradujo al castellano su obra “A la recherche du temps perdu”.

En el año 1912 conoce a Margarita Bonmatí Botella, una alicantina natural de Santa Pola e hija de un industrial propietario de destilerías en Argel. Tres años más tarde se casan. El amor que Salinas sentía por ella le llevó a escribirla una carta de amor cada día, ese epistolario años después fue recogido por su hija Soledad Salinas en la obra “Cartas de amor a Margarita” (1912-1915). Junto a Margarita tuvo también otro hijo llamado Jaime Salinas que se convirtió en un editor y escritor, ganador del premio Comillas de biografía por su libro “Travesías: Memorias” (1925-1955).

Pedro Salinas gana una cátedra de Literatura en la Universidad de Sevilla en el año 1918, donde se queda durante ocho años. Durante esta etapa tuvo como alumno al poeta Luis Cernuda, el cual aseguraba que “quien acude a él halla siempre, por lo menos, una palabra cordial, un gesto, un estímulo”. En 1924 se cambia a la Universidad de Murcia, donde permaneció un par de años. Al año siguiente publicó una versión modernizada del “Cantar del Mio Cid”, la obra “Los Cuatro Vientos”, y las traducciones de Musset, Mérimée y Proust.
Al volver de Cambridge a España, fue nombrado profesor de la Escuela Central de Idiomas y secretario general de la Universidad Internacional de verano de Santander durante tres años.

En el año 1926 pasó a la Universidad de Madrid donde fundó la revista “Índice literario” con el objetivo de informar de las novedades literarias españolas. También aprovecha para colaborar en el Centro de Estudios Históricos, formado por un grupo de investigadores reunidos entorno al maestro Ramón Menéndez Pidal. Salinas se encargó del departamento de literatura moderna.
Perteneció a la Generación del 27 aunque era el mayor en años de todo el grupo, por eso gozó de gran prestigio e influencia sobre ellos.

En el verano de 1932 conoció en la Universidad de Santander a una estudiante norteamericana que luego se convirtió en profesora de lengua y literatura española, Katherine Whitmore, con la que estableció una buena relación.
A ella va dirigida su trilogía poética “La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento”. Comienzan un amor que perdura a pesar de los viajes de estudios de ella a Estados Unidos. Cuando ella volvió se reencontraron, pero la mujer de Salinas, Margarita, se enteró del romance e intentó suicidarse.
Inmediatamente, Katherine quiso poner fin a la relación aunque la guerra lo complicó todo. Años más tarde ella se casó con un colega llamado Brewer Whitmore, y fue entonces cuando Salinas y ella rompieron la relación completamente.
Katherine autorizó la publicación de su Epistolario con Salinas veinte años después de la muerte de ella y siempre y cuando las cartas que ella envió se omitieran. Tras la ruptura, Salinas paso un tiempo de vacaciones en Altea, un pueblo de Alicante donde su mujer poseía una hacienda familiar. A partir de ahí conoció a Jorge Guillén con quien sostuvo una gran amistad y con el que escribió un epistolario que también fue publicado. También sostuvo una relación de amistad menos conocida con Miguel Hernández que les llevó a escribir “Perito en lunas”.

La guerra civil española le sorprende en Santander y como consecuencia es exiliado a América como profesor visitante en la Universidad de Wesllesley, en Puerto Rico y en la de John Hopkins University, en Baltimore. En el 1946 consigue una cátedra en ésta última universidad.
La poesía es para Salinas un modo de acceso a las honduras de la realidad, a la esencia de las cosa y a las experiencias vitales. En una ocasión dijo “la poesía es una aventura hacia lo absoluto. Se llega más o menos cerca, se recorre más o menos camino: eso es todo”.
Los tres elementos básicos de su creación aparecen en otras declaraciones suyas: “Estimo en la poesía, sobre todo la autenticidad. Luego la belleza. Después el ingenio”.
Su lengua poética es, aunque sólo en apariencia, sencilla. Por eso el autor Lorca llamaba “prosías” a los poemas de Salinas. Igual de sencilla es su métrica ya que prefiere los versos cortos, la silva y renuncia casi siempre a la rima. Sitúa las palabras correctamente en cada verso con una exactitud medida, cargada de sentido y de profundas resonancias.

Sus primeros libros, de su primera etapa, son “Presagios” (1923), “Seguro de azar” (1929) y “Fábula y signo” (1931). Los tres se pueden definir como poesía pura, e influenciados por la poesía de Juan Ramón Jiménez. En su segunda etapa, la de plenitud, aparecen sus tres obras maestras que se convirtieron en una trilogía “La voz a ti debida” (1933), este título está tomado de un verso de la Égloga tercera de Garcilaso de la Vega, “Razón de amor” (1936), en él canta por el dulce cuerpo de la amada y canta por y para ella, y “Largo lamento” (1938), debe su nombre a la rima XV de Bécquer y a diferencia de los dos libros anteriores en este el amor ha sido desalojado de su corazón y ahora es un amor que agoniza y muere, que tan sólo es un recuerdo. Con ellas adquiere la talla de gran poeta del amor. El amor es el tema central de su poesía, pero no un amor abstracto sino un amor en concreto. La poesía amorosa de Salinas encuentra el camino en una forma fluida y continua, que apoya su ritmo en el heptasílabo libre como verso dominante y sin sometimiento al rigor formal.
En la tercera etapa apodada la del exilio, porque es durante su vida en América, el estilo del poeta se transforma y se centra en un mundo nuevo, sin añoranzas al pasado pero con la típica nostalgia que embargó a todos los exiliados.

Su temática se ensombrece en un poema a la bomba atómica “Cero” incluido en el libro “Todo más claro” (1949). Aparecen también otro libro de poemas “El contemplado” (1946), el autor la subtitula tema con variaciones, y en él trata del mar de Puerto Rico contemplado por sus ojos.

Tras su muerte se publica en España “Confianza” (1955). Como autor dramático cultivó un teatro menor, 12 piezas, donde se intercalan los elementos costumbristas y populares como “La fuente del arcángel”, “La cabeza de Medusa”, “Ella y sus fuentes”, “La isla del tesoro”, “El director”, “Judit y el tirano”. Como novela intelectual y narrativa probó suerte en “Vísperas de gozo”. Los libros de relatos fueron “El desnudo impecable y otras narraciones” y una novela titulada “La bomba increíble de 1950″. También cultivó el género del ensayo en “El defensor”, “La responsabilidad del escritor”,…

Muere el 4 de diciembre de 1951 en Boston y está enterrado en San Juan de Puerto Rico.

“…cada beso perfecto aparta el tiempo, le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve donde puede besarse todavía…”.








...por Saray Maestro ...por Saray Maestro


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4 comentarios en Pedro Salinas

  1. Sobre su personalidad dirá Marichal: “Yo diría que Pedro Salinas era un hombre a la vez abierto y tímido, extraordinariamente expansivo y, sin embargo, cerradamente pudoroso”.

  2. Pedro Salinas es un autor perfeccionista, pero de gran sensibilidad. Es el principal poeta del amor de su generación.

  3. Salinas no tradujo completo “A la recherche du temp perdu”, como se dice en la ficha biográfica, sino sólo los dos primeros volúmenes. El libro que se cita como “Seguro de azar” es “Seguro azar”. Por último, se da a entender que “Perito en lunas” es una obra conjunta de Salinas y Miguel Hernández, cuando es sólo de Hernández.

  4. Quiero escribir la última estrofa, espero acordarme bien, de la que es para mi la mejor poesía de Pedro Salinas, la que más refleja su identidad literaria.
    La voz a ti debida:

    Y nunca te equivocaste,
    más que una vez, una noche
    que te encaprichó una sombra
    -la única que te ha gustado.
    Una sombra parecía.
    Y la quisiste abrazar.
    Y era yo.

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