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Mucho ruido y pocas nueces, de William Shakespeare

Esta expresión que comentamos tan a menudo de “Mucho ruido y pocas nueces” seguramente no la utilizaríamos a no ser por la obra de Shakespeare.

Su título original en inglés es: “Much ado about nothing”. Por éste ya intuimos un poco (si no la hemos leído) de qué va la historia. Y es que se trata de una serie de malentendidos, que tan intrigante hacen que sea el libro. Se forman varias expectativas y al final, como suele pasar, uno se calienta la cabeza por nada. Algo, por cierto, muy humano y que Shakespeare sabe retratar a la perfección.

William Shakespeare es el máximo exponente del teatro inglés del siglo XVI. No se sabe exactamente la fecha de composición de varias de sus obras, pero su producción literaria se divide, generalmente, en cuatro periodos. El primero, antes de 1594, el segundo, entre 1594 y 1600, el tercero entre 1600 y 1608 y el cuarto empieza en el año 1608. Su excepcional obra “Mucho ruido y pocas nueces” la escribió aproximadamente en el año 1599. En esta se deforma, según algunos críticos, a los personajes femeninos. Y es que éstos están tratados de una forma un tanto insensible, ya que en este periodo Shakespeare todavía no había llegado a su madurez creativa. No obstante, se trata de una ingeniosa historia de amor y enredo, que es muy amena de leer y te hace pasar, seguro, un buen rato. Es una comedia romántica, divertida, entretenida y muy original, sobretodo teniendo en cuenta el contexto de aquellos tiempos. Entre otras comedias de Shakespeare destacan: “La fierecilla domada” (1593), “Trabajos de amor perdidos” (1594), “El sueño de una noche de verano” (1595-1596), “El mercader de Venecia” (1596-1597), “Las alegres casadas de Windsor” (1599), “Noche de reyes” (1600) y “Medida por medida” (1604-1605).

En “Mucho ruido y pocas nueces” todo empieza cuando Claudio llega al castillo de Hero y se enamora perdidamente de ella. Es un flechazo instantáneo, amor a primera vista. El muchacho se lo explica al príncipe de Aragón, Don Pedro, y éste último desea ayudarle. Por eso, en el baile de disfraces se hará pasar por él y cortejará a su amada, con el fin de prepararle el terreno a su amigo. No obstante, esto debiera ser así en teoría. Pero a la práctica, cuando la fiesta se da, Claudio ve que su amigo se excede en sus formas. Hablando claro, ve que se la está ligando delante de sus narices. Ello, lógicamente y como enamorado que es, lo irrita y lo enfada profundamente. Pero luego, las aguas parecen volver a su cauce. Así, el príncipe media para que la doncella se prometa en matrimonio a Claudio. Sin embargo, aparece el hermano bastardo, don Juan, que lanza una conspiración para que todos crean que la prometida Hero tiene un romance con un rufián. Claudio se cree esta mentira y surge entonces el gran lío, que acabará haciendo “mucho ruido…”.

“Mucho ruido y pocas nueces” o cómo ligarte al novio de tu amiga. Me explico: existe la teoría, según algunos críticos, que el encanto de esta obra reside en el sentimiento mimético. Esto es la imitación de las emociones. Es decir, Claudio, que no está seguro de lo que siente, necesita ver que Don Pedro flirtea con su doncella para desearla él. Algo similar nos ocurre a todos alguna vez. ¿Cuántas veces nos emocionamos porque llora un amigo o nos entra un ataque de risa, simplemente porque el vecino se ríe a carcajadas? Y es que es sabido que los sentimientos se contagian. Shakespeare, que conoce muy bien la naturaleza humana, lo plasma excelentemente en esta obra. Así, la persona que consigue hacerle sentir a Claudio es una especie de mediador, una celestina que tendrá la función de cerciorarlo en sus propios sentimientos. Es un antídoto contra la inseguridad en el amor. Y aunque lo mejor siempre es descubrir las cosas por uno mismo, en este caso funciona. Así, el joven acabará perdidamente enamorado. Este sentimiento mimético, lo hallamos en libros y películas tan relativamente actuales como “La boda de mi mejor amigo”. En ésta vemos como Julia Roberts es una joven que no se plantea nada con su amigo hasta que un buen día alguien lo desea. Entonces, a ella le coge también el ataque de “amor”, que más que nada es un ataque de celos, que se da por la posible pérdida de un amigo de toda la vida. Lo interesante, que tan bien está reflejado en la obra de Shakespeare, es que a ella no le “chifla” el tal amigo hasta que llega otra que se muere por sus huesos. Pura imitación sentimental.

Siguiendo con el séptimo arte, destacar la película “Mucho ruido y pocas nueces” protagonizada por Kenneth Branagh y Emma Thompson. Se trata de una versión cinematográfica que vale la pena, por ser bastante fidedigna a la obra original. Los actores también son un punto fuerte del film y casi todos ellos desarrollan su papel a la perfección: Robert Sean Leonard, Keanu Reeves, Denzel Washington y Michael Keaton lo hacen igual o mejor que los anteriormente citados. Kenneth Brannagh, como buen director británico llevó esta obra de Shakespeare a la gran pantalla, recibiendo una buena aceptación por parte del público. Antes ya había dirigido obras dramáticas del autor inglés como “Enrique V” y “Otelo”. Más tarde, realizó una versión de cuatro horas de “Hamlet”.

En cuanto a las obras de Shakespeare, existe toda una problemática en torno a la autoría de éstas. Se duda que pertenezcan sólo a una persona, sobretodo por tratarse de alguien con pocos estudios como era este actor de Stratford. Con argumentos interesantes, míticos personajes y una profundidad inusual para plasmar las emociones humanas, las dudas crecen. Además, no está claro que con la poca formación de Shakespeare éste fuera capaz de escribir obras de habla aristocrática. Existe la posibilidad que el artista inglés prestara su nombre a un relevante erudito y funcionario, que eligió mantener oculto su nombre. Hipótesis mil.

Todavía hoy se sigue hablando y cuestionando el tema, como un gran misterio. Lo que se sabe seguro, es que no queda claro que realmente fuera Shakesperae el autor de todas “sus” obras. Pero sea como fuere, y debido a la fama, calidad y magia de éstas, todas inolvidables, cabría preguntarnos: si éstas ya han pasado a la historia por si mismas, ¿tan importante es todavía quién las escribiera? A mi parecer, esto quedaría en segundo plano y dedicaría el tiempo, en lugar de hacer hipótesis, a leerlas… todas.








...por Carme Bosch ...por Carme Bosch


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1 comentario en Mucho ruido y pocas nueces, de William Shakespeare

  1. Me lo hicieron leer el libro en el instituto y todavía recuerdo “Mucho ruido y pocas nueces” como si lo hubiera leído ayer. William Shakespeare escribe una obra fabulosa.

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