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Merlín y familia, de Álvaro Cunqueiro

Álvaro Cunqueiro (1911-1981) se entrega en su obra a un libre juego de la imaginación que retoma figuras legendarias, mitológicas e históricas para construir libros en los que la fantasía, la ironía y el lirismo impregnan las páginas.

En su voluntad de juego con diversas fuentes y en su erudición presenta similitudes con el catalán Juan Perucho.

Cunqueiro se desempeñó como periodista, poeta y narrador. Su primer libro narrativo fue Las crónicas del Sochantre, novela enmarcada en la Bretaña del siglo XVIII en la que cuenta diversos episodios en los que se ve envuelto Charles Anne Guenolé Mathieu de Crozon, sochantre de Pontivy, junto a una hueste de difuntos de diversa procedencia y condición. Posteriormente escribió Merlín y familia, del que me ocuparé más tarde. Estas dos obras fueron escritas originalmente en gallego y posteriormente traducidas por el propio autor al castellano. Su estilo es, a la par que barroco, fluido, pues su voluntad era la de contar las cosas de forma clara y sencilla, “como quien come pan”. Su atención minuciosa a los detalles otorga un hondo colorido a los escenarios, lugares y situaciones que plasma en sus páginas.

Al igual que en Las crónicas del Sochantre y en libros posteriores, al leer Merlín y familia asistimos a un desfile de personajes nacidos de la combinación entre la fecunda imaginación del autor y los datos históricos, literarios o mitológicos proporcionados por su amplia cultura. El Merlín que se nos presenta es un personaje evocado desde el recuerdo por su paje Felipe, que entró a su servicio siendo niño, y compila en su vejez recuerdos dejados por su estancia con el mago. Es patente el placer por contar historias, por recoger el espíritu de los cuentos transmitidos de boca en boca. Por ello, más que una novela, Merlín y familia es un ciclo de cuentos, un rosario de historias engarzadas.

La obra está estructurada en dos partes. La primera de ellas, titulada “Miranda”, se inicia con una nota preliminar en la que Felipe nos pone en situación, anunciando la evocación que va a hacer de su estancia al servicio de Merlín, para pasar a una detallada descripción de la fonda homónima regentada por éste y de sus alrededores. Allí atiende el mago a forasteros que requieren sus artes. Entre ellos hay emisarios de un obispo que piden la reparación de unas sombrillas con propiedades prodigiosas, un paje del emperador de Constantinopla que solicita ayuda para librar a su señor de la perdición que le espera junto a su ejército por culpa de la dama Caliela utilizada por los siete príncipes de Gozna para engatusarle y derrotarle, una princesa que se transforma en corza durante la noche a causa de un encantamiento lanzado por un demonio que la pretende, o el algaribe Alsir que narra historias de diablos que se truecan en bañeras para ver a las monjas desnudas y de tenderos que se transforman en hombres lobo.

La segunda parte se titula “Aquel camino es un viejo mendigo”, y está formada por otra serie de historias, en este caso contadas por peregrinos del Camino de Santiago que hacen un alto en la posada de Termar, a la que ha entrado a servir Felipe tras su temporada con Merlín. Se trata de narraciones no menos fabulosas, entre las que figura la de un caballero portugués que termina transformado en gallo a causa de la intensidad de sus lances amorosos. El Camino de Santiago fue otro tema abordado en profundidad por Cunqueiro, quien le dedicó varios artículos de prensa reeditados con motivo del año Xacobeo en 2004 en el libro Por el camino de las peregrinaciones.
Tras esta segunda parte hay dos apéndices –”La novela de monsiú Tabarie” y “Pablo y Virginia”– que hacen patente la relevancia de las alusiones literarias. El primero remite a un poema de François Villon (citado como epígrafe), y el segundo a la obra Pablo y Virginia de Bernardin de Saint-Pierre, cuya historia es recontada.
Tras dichos apéndices siguen unas “Noticias varias de la vida de Merlín, mago de Bretaña”, proporcionadas por Mr. James Craven, inglés que llega de Bretaña para consultar a Felipe si su amo tuvo descendencia durante su estancia en Miranda, pues necesita tener completa la nómina de herederos del caballero de Galloden, primo del mago. Posee un cumplido número de datos acerca de Merlín, algunos de los cuales desconoce Felipe. A través de él averiguamos que su madre fue Sciabhan, hija del cuarto herrero del rey de Irlanda y mujer barbuda, asistimos a sus estudios, su viaje a Toledo para aprender saberes herméticos, durante el cual se ve envuelto en una singular intriga, o el viaje a Roma, durante el que obtiene mediante trueque una sortija encantada que alberga a un fantasma femenino. Craven se abstiene de contar la estancia de Merlín en Bretaña y su servicio al rey Arturo, alegando que se trata de hechos consabidos que aparecen consignados “en los libros de historia que se leen en las escuelas”.

Es evidente que a Cunqueiro le interesa más hacer una crónica imaginaria tomando como base la figura de Merlín que volver a contar de nuevo la historia ya conocida. Las alusiones al mundo artúrico son muy poco numerosas. Además, los hechos tienen lugar en un tiempo transhistórico, que participa de características de diversas épocas sin decantarse por ninguna en concreto. De ahí también emana el sentido de sorpresa que despierta el libro. Pese al carácter fabuloso de los hechos narrados, los personajes se muestran cercanos al lector, retratados no tanto en una altura épica, sino al mismo nivel que éste, con lo que Cunqueiro opta por aquella segunda manera de contemplar el mundo artística o estéticamente que citaba Valle-Inclán entre las tres posibles.
El volumen se cierra con un índice onomástico en el que figuran los nombres de todos los personajes que han desfilado por él, así como de los lugares a los que se ha hecho referencia. La imaginación del autor permea la propia estructura de la obra, que no parece seguir un plan prefijado, sino obedecer a la urgencia del narrar y a su voluntad lúdica.
Asimismo, en Merlín y familia se revela su conocimiento de la geografía y su afición por la gastronomía; no en vano escribió numerosos textos dedicados ambos temas. Muchos artículos publicados en su día en el periódico El Faro de Vigo, recopilados posteriormente en El pasajero en Galicia, conforman una guía turística de la comunidad. Elaboró libros como A cociña galega y La cocina cristiana de Occidente, y un importante congreso de difusión de la gastronomía gallega lleva su nombre.

El cariz marcadamente fantástico de sus obras motivó que no fueran lo suficientemente aceptadas en el momento de su aparición, y ha tenido que transcurrir el tiempo para que la obra del gallego se revalorice. En una época marcada por el predominio del realismo social en la narrativa española, los libros de Cunqueiro supusieron una temprana y sorprendente muestra de prosa lindante con el realismo mágico.








...por Juan R. Vélez ...por Juan R. Vélez


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