buscar
Espanol flagIngles flag






Tiempo estimado de lectura 4:45 min. rellotge



La naranja mecánica, de Anthony Burgess

“Es un mundo podrido porque permite que los jóvenes golpeen a los viejos como ustedes hicieron, y ya no hay ley ni orden. Ya no es un mundo para un viejo… ¿Qué clase de mundo es éste? Hombres en la luna y hombres que giran alrededor de la Tierra como mariposas alrededor de una lámpara, y ya no importan la ley y el orden en la Tierra”.

La singular novela: “La Naranja Mecánica” de Anthony Burgess fue publicada en 1962 con el título original de: “A Clockwork Orange”. Stanley Kubrick la adaptó en la famosa película del mismo título, en 1971. Está basada en hechos reales, ya que se inspira en el suceso ocurrido en 1944 a la mujer de Burgess, la cual fue víctima de ataque y robo por parte de cuatro soldados norteamericanos en las calles de Londres. Estaba embarazada y por lo ocurrido sufrió un aborto. La obra forma parte de la llamada tradición de novelas distópicas británicas. Se caracterizan por ser lo opuesto a un modelo ideal. Es decir, se nos presenta una sociedad con una pérdida total de valores, futurista y casi apocalíptica.

La historia se centra en una ciudad cualquiera y pueda estar tanto en Europa como en estados Unidos. Probablemente Burgess se inspiró en su viaje a Leningrado en 1961. En esa época Rusia lideraba la carrera espacial y las bandas de delincuentes jóvenes constituían un grave problema en la sociedad rusa. En el mismo momento Londres se encontraban en una situación similar.

El quinceañero protagonista de esta historia, Alex, se junta con su pandilla para drogarse, violar mujeres, propinar palizas, organizar desbarajustes y en definitiva, ejercer la violencia, disfrutando al máximo de ello: “Todo esto lo digo en serio, oh hermanos míos, pero lo que hago lo hago porque me gusta”. Luego, para ver los enredos de estos adolescentes nos detendremos en la siguiente frase: “El mero hecho de que la policía no te haya atrapado últimamente no significa, como tu lo sabes muy bien, que no hayas estado cometiendo algunas fechorías”. Otra de las expresiones míticas, típica de Alex es: “Y ahora que pasa, eh?”. Como algo aparentemente contradictorio, apuntar que a Alex le chifla la música clásica y sobretodo su admirado Ludwig Van Beethoven. Pero claro está, como la crueldad tiene un precio llega un momento en que Alex es apresado tras asesinar a una anciana. Pasan unos años y al joven le ofrecen al fin la libertad. No obstante, antes deberá someterse a un innovador sistema de rehabilitación, La técnica de Ludovico. Ello consiste en lo siguiente: el muchacho debe mirar varias películas de forma diaria y éstas no son exactamente estilo Blancanieves, sino más bien… pura violencia. Primero, el chico está encantado con tal “castigo” pero luego, a medida que va ingiriendo una dosis extrema de lo que más le gustaba, cada vez se siente peor. Al final, se siente incapaz de levantarle la mano a alguien. En ese momento, el sacerdote de la cárcel comenta: “ya no es un malhechor”.

El lenguaje es otra de las curiosidades de esta obra. El libro está escrito en un idioma inventado, llamado nadsat. Se trata de una especie de jerga adolescente que hace que nos adentremos todavía más en esta historia, cuyo trasfondo de carácter filosófico nos plantea la pregunta siguiente: “¿qué es peor: hacer el bien por obligación o hacer libremente el mal?”. Burgess nos presenta una sociedad en la que el estado nos impone el bien para que haya orden. Es el bien sin sentido, sin libertad, sin elección alguna y de aquí viene la pregunta anterior. Es el bien sin ética, es el bien por pura utilidad. De ello viene lo dramático de la obra. Y es que los muchachos protagonistas ultraviolentos, en cierto modo, se nos presentan como víctimas de una sociedad rígida, fría y calculadora que no escoge el bien por que nos hace mejores, sino para tenerlo todo controlado… y encima no hay elección. El conflicto entre el bien y el mal, entre lo moral y lo inmoral, entre obligación y libertad lo vemos por ejemplo en el siguiente fragmento: “El problema de la elección –dijo una golosa (voz) rica y profunda, y era el chaplino (sacerdote) de la cárcel- En realidad, no tiene alternativa, ¿verdad? El interés propio, el temor al dolor físico lo llevaron a esa humillación. La insinceridad era evidente. Ya no es un malhechor. Tampoco es una criatura capaz de una elección moral”.

El behaviorismo o psicología del comportamiento es una corriente psicológica que se dio en Estados Unidos desde que John B. Watson hizo varios estudios a partir de la segunda década del siglo XX. Se trata de una reacción a la psicología basada en el estudio del inconsciente y se centra en las reacciones de estímulo-respuesta, verificables por procedimientos empíricos. El behaviorismo es de tendencia mecanicista y reduce los fenómenos psíquicos a simples reacciones del organismo. En 1930 las tesis de Watson fueron substituidas por teorías neo behavioristas llamadas también “de la condicionabilidad”. Se aplica la metodología de los reflejos condicionados y no hacen ningún caso del rol que tiene el cerebro en el comportamiento. En el libro queda muy bien plasmado qué es realmente el condicionamiento físico. Lo vemos, por ejemplo, en esta frase: “No me interesa que quieras o no quieras hacer el bien, tendrás que hacerlo”.

El origen del título tiene también su historia. El propio Burgess comentó que éste venía de una antigua expresión cockney: “As queer as a clockwork orange” lo cual viene a significar: “Tan raro como una naranja mecánica”. No obstante, varios críticos y lectores encontraron otro significado. Por un lado, según algunos, ello hacía referencia a un antropoide mecánico. Concretamente a un orangután, ya que el término “orang” tiene raíces malayas. También hubo quien dijo que Burgess, originalmente, quería poner el título de: “A clockwork orang” y que después de una corrección acabó titulándolo como todos sabemos. En el ensayo de Burgess: “Clockwork oranges” el autor comenta: “Este título sería ideal para una historia acerca de la aplicación de los principios pavlovianos o mecánicos a un organismo que, como una fruta, cuenta con color y dulzura”. De hecho, el título es una alusión al comportamiento condicionado de Alex.

Para finalizar, acabaremos con las siguientes palabras, que definen muy bien el espíritu de la obra: “Hubo mucha goborada (conversación) y discusión, y yo estaba allí, hermanos, casi completamente ignorado por esos brachnos (bastardos) ignorantes, así que criché (grité): Yo, yo, yo. ¿Qué hay de mí? ¿Dónde entro en todo esto? ¿Soy un animal, o un perro? … ¿No soy más que una naranja mecánica?”.








...por Carme Bosch ...por Carme Bosch


Patrocinador



Otros Reportajes:


Los más comentados:




Publicidad




Patrocinador




1 comentario en La naranja mecánica, de Anthony Burgess

  1. El que dijo que el joven delincuente estaba curado en realidad era el ministro del interior.

Publicidad



En colaboración:
Fox   National Geographic Channel   Feelnoise   Foxlife   Guinness World Records   Phaidon   Blume   Editorial Planeta

| PortalMundos.com Internacional |
fltx Europa: España fltx América del Norte: México, US en español fltx América Central: Costa Rica, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Puerto Rico, República Dominicana fltx América del Sur: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela

PortalMundos Factory, S.L. | 2000 - 2013 | Hosting Profesional por :: isyourhost.com ::