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Juan Goytisolo

Juan Goytisolo nació en Barcelona en 1931. En el seno de una familia de clase media, él y sus 3 hermanos recibieron una educación algo distanciadora de manos de una institutriz que cumplió las veces de madre tras la muerte de esta.

Por vocación o intuición los tres hermanos dedicaron su vida a las letras: Juan, Luis y Agustín.

En plena dictadura y con tendencias sexuales poco “aceptables” en aquel momento, el joven autor decidió marcharse a París para dar allí a conocer su obra.
Es en París donde su ideario artístico empieza a tomar forma y donde establece relaciones que influirían decisivamente en su vida posterior y su obra. Es el caso de Jean Genet, amante admirador del mundo árabe que pone en contacto a Goytisolo con esta cultura con la que ha llegado a identificarse y en la que ha decidido refugiarse. Desde hace años vive entre Marrakech y París. En sus propias palabras se siente “moro con nacionalidad cervantina”.

Quizá, a parte de una mayor identificación con esta cultura, lo que más ha llevado a Goytisolo a establecer su residencia en Marruecos, ha sido su marcado compromiso social que le lleva a formular preguntas del tipo:
“¿Hablaban tal vez de nosotros aquellos franceses y alemanes como nosotros hablamos hoy de los moros?”
Es esta propuesta reivindicativa e incómoda la que más seguidores le han valido a la obra del galardonado catalán. Lejos de afiliarse a cualquier tentativa estilística del momento, el autor va por libre. En palabras de Günter Grass “un superviviente del género crítico” sin embargo, él afirma no buscar una concienciación social. La crítica social, como tendencia estilística en sí, murió con Franco en las letras españolas. Aquellas inolvidables novelas de Martín Santos, la primera Matute y el temprano Miguel Delibes o Benet. Hoy, para los autores en habla hispana y para la literatura en lengua extranjera, la denuncia de las injusticias, la reivindicación de la tolerancia, la crítica social, se lleva a cabo por unos medios “más sutiles” y hermosos en su forma. Es quizá esto lo que Goytisolo se cuestionaba hace unos años, en la presentación de El sitio de los sitios (1995), novela contextual de la guerra de Yugoslavia. Aquí afirmó que no pensaba volver a la literatura social, que buscaría en los caminos de lo onírico nuevas formas de expresión. El realismo literario, decía, le recordaba demasiado al artículo periodístico pero sus costumbres literarias estaban, quizá, demasiado arraigadas por lo que observamos en su obra posterior a 1995. 

El periodismo ha sido la otra gran pasión del escritor y el medio perfecto para acercarse a esos rincones donde habitan lo que no tienen derecho a la súplica, el tranvía directo a las conciencias de un mayor número de lectores y el arma apuntada a conseguir que nos paremos a pensar en nosotros mismos y, por un momento, volvamos la vista atrás: ¿hicieron con nosotros franceses y alemanes lo que hoy hace toda España con los inmigrantes marroquíes? ¿Hemos olvidado que hace unas décadas éramos nosotros los que emigrábamos? La obra periodística de Goytisolo nos hace pensar, porque somos atacados desde el punto de vista de quien se implica, de quien vive de cerca todo eso que nos gustaría olvidar. ¿Es esta motivación la que ha movido a jurados internacionales al volcar en Goytisolo toda su conciencia? ¿Ha tomado el autor los galardones como un medio para que su voz sea tenida en cuenta?
Pero no acaba en el fondo la encrucijada ni en la forma la tendencia personalista. Goytisolo no escribe para sí, no busca una catarsis, busca lectores y no sólo eso: relectores.

Permeable a tendencias artísticas tan dispares como la literatura popular musulmana, la tradición judía, nuestra literatura medieval y, por encima de todo, Cervantes. Su estilo se centra en el eclecticismo de todas estas tendencias. Todas ellas místicas, exóticas, tradicionales, a través de las cuales se pretende una forma de expresión muy alejada de aquella primera obra. Y en Cervantes se encuentra la perfección formal libre de toda experimentación, la pureza de estructuras y la novela en estado puro.
Con Señas de identidad (1966) se iniciaría este giro en la obra del novelista que acabaría de tomar forma en Reivindicación del conde don Julián (1970) y Juan sin tierra (1975).

Eran los años de la ruptura con España y lo español, cuando empezaba a forjarse una personalidad:
“Empecé a sentirme castellano en Cataluña, afrancesado en España, español en Francia, latino en Estados Unidos, nesrani en Marruecos y moro en todas partes. No tardaría en volverme, a consecuencia de mi nomadeo y viajes, en ese raro espécimen de escritor no reivindicado por nadie.”
Conocedor del habla dialectal del norte de Marruecos es el único escritor español en dominar dicha habla después del Arcipreste de Hita. La implicación del autor se vuelve muchas veces “demasiado insultante”, principalmente su obra periodística. En ella, publicada en dos volúmenes, nos habla de la historia de España más reciente, la de Europa y de cómo volcamos toda nuestra rabia en Marruecos.
De un gran interés histórico son también sus memorias: Coto vedado y En los reinos de Taifas editadas en dos volúmenes por primera vez en 1985 y 1986 respectivamente. En ellas se habla ante todo de un ciudadano del mundo en busca de una identidad que se sabe diferenciada y de un escritor que no puede contener su pluma ante la sociedad. Alguien que no puede aislarse del mundo en una torre de marfil ya abarrotada aunque la crítica decidiera limitar el término al contexto modernista de principios del siglo XX.

En su obra más reciente, Telón de boca, publicada por la editorial El Aleph, profetiza una despedida del género de ficción. El proyecto de una narrativa alejada del realismo literario quizá resultó demasiado ilusionista.
Un relato pesimista, intimista, reflexivo, algo autobiográfico en el que tres personajes giran en torno a una idea: el acercamiento de la muerte y la perspectiva depurada y objetiva de las experiencias vividas. La lucidez es dada al protagonista-autor con el único fin de un examen de conciencia.
Cervantes vuelve a formar parte, nunca dejó de hacerlo en comentarios, referencias, anotaciones. Es la columna sobre la que sustentamos la narrativa, algo que nunca debemos olvidar.
El pesimismo, aunque presente, no es para Goytisolo tal pesimismo. Prefiere llamarlo lucidez y, a partir de esa lucidez, optimismo. Algo que viene a expresar la forma de sentir de alguien que ha preferido tomar asiento de primera fila en el gran teatro del mundo antes que quedarse sin butaca. Es, quizá, una actitud dolorosa para muchos pero auténtica para tantos otros. Una rebeldía hacía la forma de vida occidental, “desarrollada” a la vez que mucho más frecuente a nuestro alrededor de lo que nos gustaría ver.








...por Raquel López ...por Raquel López


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3 comentarios en Juan Goytisolo

  1. Es súper fuerte pero la obra Juan Goytisolo fue prohibida por la censura franquista desde 1963 hasta la muerte del dictador. Por suerte, esa España franquista ya no existe y, actualmente, cualquier escritor puede escribir sin censuras.

  2. Sí, la biografía de Juan Goytisolo está marcada por un autoexilio en el que vivió en Marrakech y París. Se alejó del régimen franquista lo máximo que pudo.

  3. Como dijo en una ocasión Juan Goytisolo: “sólo la cultura, con sus límites, puede salvar el mundo”.

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