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Georges Rodenbach

Este autor se caracterizó por ser belga de nacimiento y francés de conocimiento, es decir, que todas sus obras las escribirá en expresión francesa.

Este novelista y escritor belga en lengua francesa nació en Tournai, en Bélgica a diez kilómetros de la frontera francesa, en el año 1855 en el seno de una familia acomodada. Estudió en el colegio Saint-Barbe de Gante donde conoció a Maurice Maeterlink, con quien entabló una muy buena amistad, y con el que decidió alejarse de la religión católica.

Sus estudios comenzaron con la iniciación en la carrera de Derecho, la cual finalizó y ejerció durante tan sólo dos años, ya que decidió dedicarse a las letras profesionalmente y lo sustituyó por la literatura.
Fue amigo y condiscípulo del narrador belga Émile Verhaeren, otro flamenco que escogió la lengua francesa como vehículo expresivo, y con él colaboró en “La jeune Belgique”.

Sus comienzos literarios estuvieron definidos por la influencia de François Édouard Joachim Coppée, un escritor francés que marcó de forma patente los primeros poemarios de Rodenbach como “El hogar y el campo” escrito en 1877 y “Las tristezas” publicado en 1879.

Pasa largas temporadas en París pero no se instala definitivamente hasta años más tarde en el año 1888, donde comenzó a frecuentar mucho la calle Roma y conoció a autores franceses como V. de L´Isle Adam, S. Mallarmé, O. Mirbeau y los famosos hermanos Goncourt.
Sus trabajos profesionales fueron muy diversos y un ejemplo fue el de corresponsal para diversos periódicos y revistas belgas, así como de cronista para “Le figaro”.
Sus obra poética es muy extensa entre los que destacan “El mar elegante” (1881), “El invierno mundano” (1884), “La juventud blanca” (1886), “El reinado del silencio” (1891), “Vies encloses” (1896) y “El espejo del cielo natal” (1898).
También sufre influencias de la filosofía romántica alemana y según cuentan, Rodenbach fue el mayor propagador en su país natal, Bélgica, de la filosofía creada por Arthur Schopenhauer. Todo esto se ve explícitamente en algunas de sus obras como “L´art en exil” del año 1889.
El escritor nicaragüense Rubén Darío alude en multitud de ocasiones a Georges Rodenbach radicado en París. En la epístola de Darío “A la Señora de Leopoldo Lugones” señala literalmente “(…) Así empecé, en francés, pensando en Rodenbach, cuando hice hacia el Brasil una fuga… ¡de Bach!”. En otra ocasión el autor nicaragüense también dedica a Rodenbach unas dos páginas comentando la antología en el poema “Processions”.

Se dice que hace años la literatura belga se encontraba en formación, pero tras generaciones de escritores belgas como Émile Verhaeren (1855-1927), Georges Eekhoud (1854-1927), Max Elksamp (1864-1931), y Georges Rodenbach (1855-1898), se puede llegar a hablar de que la literatura belga en lengua francesa marca la pauta y la intensidad literaria de este país.
Rodenbach es autor de la narración titulada “Le carilloneur” donde intenta distanciarse de la novela del realismo de manera radical.
Publicó también dos novelas a las que debe su celebridad y cuyo éxito puso de moda la ciudad de Brujas “Brujas la Muerta” en 1892 y “El campanero” en 1897.

“Brujas la Muerta” de 1892 es la obra cumbre del sentimiento y la melancolía, de la evocación, y de cierta manera es la sima de la literatura belga en francés, en la que el autor logra fundir poesía y narración en una forma libre, fluida y espontánea donde se mezcla todo.
En esta obra Georges Rodenbach establece la ciudad como geografía del alma, la cual se erige como personaje asociados al lugar y escenarios que provocan los estados de actuación. En la obra se sugiere que la ciudad como personaje dirija una acción a la vez que se establece una relación entre Brujas y los que viven en ella, y es ella la que dirige los parajes por medio de sus campanadas.
En “Brujas la Muerta” se refleja el alma y el más allá, ambas entidades que el lenguaje de la razón no puede describir.
La novela se compone en torno a tres relaciones fundamentales: la ciudad y la esposa muerta, la ciudad y el viudo, y la esposa muerta y la viva. Entre esas relaciones existe una analogía y unión entre la ciudad y la viva que son imágenes del viudo y la esposa muerta. La ciudad es la imagen de la muerta, que equipara el paralelismo entre la ciudad de Brujas que también parecer reposar sobre una tumba con sus canales, muelles de piedra,… pero a la vez es esta ciudad la que da movimiento, la imagen de su alma, como soporte del argumento de la novela descrito a través de sus calles, casas, iglesias.
Hugues Viane, el protagonista de la novela, está representado como un ser solitario, mórido y melancólico. En su vida prima principalmente el desinterés, las sombras que se manifiestan en su dolor y remordimiento por el pecado. Vive rodeado de recuerdos y reliquias de su esposa muerta pero aspira al ideal, a eternizar la imagen de su pasión ante la imposibilidad de deseo.

En una ocasión Georges Rodenbach declaró que “nos entusiasmamos por el ideal. Deseamos las bellas emociones nerviosas, (…) es imposible lo que amamos, el sueño, el más allá, el arte que viaja con las nubes.” Todas estas visiones sólo se encuentran en la mente del lector del libro, por lo que provoca la ambigüedad que confiere un carácter aún más fantástico a esta novela realista.
Una de las doctrinas fundamentales presentes en la novela es el símbolo que se remonta a la filosofía mística, al iluminismo de Swedenborg, al romanticismo alemán, a Honore Balzac,… El propio autor define a esta novela como “la historia de un alma atormentada”. Además es una de los relatos más logrados del simbolismo, movimiento literario y pictórico iniciado en Francia y Bélgica en las décadas de 1880 y 1890 hasta principios del siglo XX como reacción contra el naturalismo y el parnasianismo. La literatura simbolista tiene intenciones metafísicas y utiliza el lenguaje como instrumento cognoscitivo, con lo que queda impregnado de misterio y misticismo. Para todo ello los autores utilizan diferentes mecanismos estéticos, tales como la sinestesia que es la mezcla de impresiones de sentidos diferentes.

Georges Rodenbach sufre una larga enfermedad que le conduce lentamente a la muerte. Se asombra de la voluptuosidad del sufrimiento y de los procesos de destrucción que le provoca la enfermedad. Finalmente murió en la capital parisina en el año 1898, con tan sólo 43 años, después de terminar una de sus últimas obras poéticas.








...por Saray Maestro ...por Saray Maestro


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2 comentarios en Georges Rodenbach

  1. Georges Rodenbach fue condiscípulo de E. Verhaeren y colaboró en La Jeune Belgique. Sin dudas, un autor no del todo conocido por muchos lectores y es gratificante encontrar una biografía de Georges Rodenbach como la que hay aquí.

  2. Es cierto Sergio, no es una figura de las más conocidas de la literatura y todavía sigue oculta para muchas personas. Georges Rodenbach debe su fama a las novelas “Brujas la muerta” del 1892 y “El campanero” del 1897.

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