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Francisco de Quevedo

Como escritor, se ha dicho de él que equivale a toda una literatura. Este escritor con personalidad contradictoria: “ora grave y angustiado, ora desenfadado y burlón”.

Se caracteriza por una extensa obra tanto en verso como en prosa, por lo que se convirtió en una importante figura en el Siglo de Oro Español.

Francisco de Quevedo y Villegas nació en Madrid, en el año 1580 y en el seno de una familia hidalga de ambiente cortesano. Sus padres ocupaban puestos de confianza en la corte, pero a los seis años muere su padre y será su madre quien se quede de tutora hasta su muerte en 1600. Sus primeros años en la escuela transcurrieron en el colegio Imperial de la Compañía de Jesús de Madrid. En 1596 comienza sus estudios de artes en la Universidad de Alcalá de Henares donde obtendrá el bachiller y saldrá licenciado en el 1600. Más tarde su curiosidad por la cultura humanista le lleva a iniciar sus estudios de teología en Valladolid, dado el traslado de la corte.

Este hombre de acción comprometido con las intrigas de su tiempo, era doctor en teología y buen conocedor de las lenguas antiguas, tales como la hebrea, griega, latina y también las modernas. Fue reconocido por su gran cultura y por la acidez de sus críticas, en especial con su acérrimo enemigo personal y literario Luis de Góngora, el otro gran poeta del Barroco Español.

De regreso a su ciudad natal, Quevedo recibe órdenes menores y se integra en la vida literaria de la corte buscando éxito y fortuna a través de Don Pedro Girón, duque de Osuna, que se convierte en su protector. Se le deniega la publicación de “El Sueño del juicio final” por considerarlo chabacano e imprudente. A partir de aquí decide dar un rumbo diferente a su vida y viaja a Palermo seguido por su ambición política, como consejero del duque, que por aquel entonces era virrey de los reinos Nápoles y Sicilia.
En calidad de hombre de confianza se involucra en problemas que ponen en peligro su vida, llegando incluso al soborno, con el fin de asegurar el nombramiento del duque. Estos hechos serán investigados, siendo ambos implicados, que trae en consecuencia la caída del duque y Quevedo postergado. El autor fue desterrado a sus posesiones de la Torre de Juan Abad, sufrió presidio en el monasterio de Uclés y finalmente arresto domiciliario en Madrid.

Otro suceso que deterioró mucho más su carácter fue el segundo destierro a la Torre de Juan Abad por defender con virulencia la propuesta de que el Apóstol Santiago fuese elegido el patrón de España, en contra de las carmelitas que abogaban por Santa Teresa. También aparecen algunas denuncias ante la Inquisición y una proliferación de ediciones piratas, pero a pesar de todo ello publica “Juguetes de la niñez”, en la que se recogen textos de carácter burlesco y satírico, que más tarde serán censurados.
Con la llegada de Felipe IV a la Corte se le indulta de su castigo, aunque el pesimismo ya había alcanzado su vida.

A los 54 años concibe matrimonio con la viuda Esperanza de Mendoza, señora de Cetina, en 1634. Pero esto no provoca felicidad en el hombre misógino que se ha convertido y a los pocos meses se separa.

Se siente de nuevo tentado por la política ya que piensa que España va en declive hacia un desmoronamiento y desconfía del conde-duque de Olivares, protegido del rey, y contra el que escribe una serie de improperios amargos en verso. Meses más tarde se descubre que está implicado en unos oscuros casos políticos, que hablan de conspiración, por lo que es acusado de desafecto al gobierno, y es detenido en la casa del duque de Medinaceli y encarcelado en 1639 en el Monasterio de San Marcos (León), una prisión miserable y húmeda donde pasará los siguientes cuatro años de su vida. En este tiempo escribirá “La rebelión de Barcelona” y “Providencias de Dios”.

Liberado en 1643 no consigue reanudar con su trayectoria porque se siente un hombre acabado y se retira a sus posesiones de la Torre de Juan Abad. Un año más tarde se instala en Villanueva de los Infantes (Valladolid) donde morirá el 8 de septiembre de 1645, a causa de una enfermedad de pecho cogida en la prisión.
Este famoso personaje pertenece a la nobleza del siglo XVII. Fue conocido en su época y ostentó los cargos de Caballero de la Orden de Santiago y Señor de la Torre de Juan Abad.
Su gran cultura no le impidió llevar siempre una vida accidentada y llena de contrastes que finalmente terminó pagando. Se cuenta que este hombre forzudo y gran esgrimidor tuvo multitud de peleas y duelos de los que habitualmente salía vencedor.

El desengaño es una de las palabras que explica tanto sus pensamientos graves como las sátiras mordaces, y nadie es capaz de expresarlo como él. Autor muy culto, amargado y agudo escribió las páginas burlescas más lustrosas y populares de la literatura española. Criticó mordazmente los vicios y las debilidades de la sociedad e hirió de forma cruel a sus enemigos, con el conocido soneto “érase un hombre a una nariz pegado…”.

En su abundante obra poética, alrededor del millar de composiciones, se pueden destacar diferentes aspectos como: poesía filosófica y moral en la que se encierran la inconsistencia de la vida, la fugacidad del tiempo o la omnipresencia de la muerte; la poesía amorosa que partió del amor cortés y el petrarquismo donde desarrolló un ideal amor como el alma del mundo vencedor de la muerte; y finalmente la poesía satírica y burlesca donde ahoga su dolor, poniendo en la picota toda clase de deformaciones o ridiculeces. Su obra en prosa es también muy copiosa y de enorme variedad. Dentro de la novela picaresca aparece “La vida del Buscón” donde el pícaro cuenta su vida en primera persona desde que nació en Segovia.

“Sueños” es su obra satírica más destacada con cinco invenciones fantásticas, en las que traza un panorama de lacras humanas en forma de alegoría del hombre como “El sueño del infierno”, “El mundo por dentro y las visitas de los chistes”, “El alguacil alguacilado”, “Las zurdas de Plutón” y “El juicio final”.
Una obra análoga, pero más amplia, es “La hora de todos” y “La fortuna con seso” en la que muestra que si la fortuna se volviera justa, todo el mundo quedaría trastocado, ya que nada sería como debe ser.
Como tratadista de temas políticos, morales y filosóficos es autor de “Política de Dios”, “Vida de Marco Bruto”, en ambas obras se exponen ideas generales sobre la gobernación y en las que reflexiona sobre los problemas que tiene España. “La cuna y la sepultura” es una obra que trata sobre la brevedad de la vida.

Tanto en la prosa como en el verso, Quevedo es un virtuoso del idioma. Jugó con la lengua, en serio o en broma, hasta extremos asombrosos. Este autor alcanza la cima del conceptismo con las características de la densidad con la que acumula los juegos de palabras, las comparaciones inesperadas, antítesis y contrastes, paradojas,…

Este poeta permanece en la actualidad gracias a su maravillosa capacidad creadora del idioma castellano, su honradez moral y una elevada lírica que le han otorgado un merecido puesto en la poesía española.








...por Saray Maestro ...por Saray Maestro


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1 comentario en Francisco de Quevedo

  1. ¡Viva Francisco de Quevedo!

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