buscar
Espanol flagIngles flag






Tiempo estimado de lectura 5:17 min. rellotge



El reino de este mundo, de Alejo Carpentier

De padre francés y madre rusa, la familia de Alejo Carpentier llegó a Cuba en 1902 por motivos laborales del padre, dos años después nacería Alejo en La Habana.

Lejos de mantenerse aislado y protegido en un mundo de aquellos que “sólo llegaron por casualidad” la implicación del autor cubano le llevó a la cárcel y al exilio. Probaría suerte con estudios de arquitectura pero una vocación tan latente se evidenció en su elección del periodismo como la mejor opción laboral.

Entre los numerosos viajes que realizaría a lo largo de su vida, sobre todo a la tierra del padre, unos por exilio, otros por devoción cabría destacar el que realiza a Haití en 1943 en compañía de su esposa y del actor francés Louis Jouvet. Este viaje resultaría decisivo para la redacción de una pequeña obra maestra de las letras hispánicas: El reino de este mundo.

Cuando la cuestión es analizar el trabajo de autores más cercanos en el tiempo el número de estudios críticos disminuye descompensadamente. Esto hace pensar muchos en la errónea conclusión de que esta escasez se deba a una falta de calidad literaria. Nada más lejos de la realidad.
La calidad técnica, estilística, creativa y fuertemente humana de la obra de Alejo Carpentier, sabiamente sazonada con un barroquismo personalista y diferenciador impregnan toda su obra de momentos literarios inolvidables para nuestras letras y, sin duda alguna, decisivos. Es una de las figuras más relevantes de la narrativa contemporánea y precursor, tanto estilística como cronológicamente, del “nuevo arte de hacer novela” al otro lado del Atlántico.

Cada una de sus obras, aunque no identificables con la novela social, nos transmiten un gran saber, una profunda filosofía del ser humano; su modo de ser y de comportarse, sus reacciones, algo del lado oscuro del uso de la inteligencia. Lecciones, en el caso de esta novela, cargadas de ironía ya sea satírica o trágica, según el caso.
Carpentier viajó a Haití para conocer los restos arqueológicos del impresionante reino levantado por los esclavos negros revelados contra la tiranía del colonialismo francés en el siglo XVIII. Fascinado por lo que allí ocurrió quiso ver la historia con sus propios ojos, comprobar hasta donde era capaz de llegar la tiranía y entender el origen de un modo de ser propiamente americano que tanto le inquietó, además de ¿un intento de comprensión de colono y colonizado? No se puede olvidar su origen francés. Los hechos estrictamente narrados, aunque con saltos cronológicos exigidos por la teatralidad de la obra (entiéndase esto en sentido positivo) ocurren entre la insurrección del esclavo negro Mackandal en 1757 hasta el comienzo del gobierno de Jean Pierre Boyer en 1820 en Santo Domingo.

Y aquí es donde empieza la impregnación del mundo americano, el modo personalista y único con que estos hechos se desarrollaron, lo que el mismo Carpentier decidía llamar “real maravilloso”:
“¿Pero que es la historia de América toda sino una crónica de lo real maravilloso?”.

Mackandal y sus aliados en ningún momento utilizaron armas como medio de enfrentarse a los colonos. El esclavo huido y perseguido se valió únicamente de veneno para luchar. Este veneno se disolvió en las aguas potables de la isla, en las tierras hasta matar al ganado y gran cantidad de colonos. Estrepitosamente se suceden una serie de hechos que llevan al negro Christophe al poder absoluto sobre el resto de los esclavos liberados y a establecer el centro de su imperio en el imponente palacio de Sans Souci que sería construido con el sudor de los que ahora eran sus esclavos. Impresionante y estremecedora paradoja de un comportamiento muy frecuente a lo largo de la historia.
Guiados de la mano de un espectador de primera fila, un esclavo, vemos la sucesión de unos hechos históricos alterados en el orden real de esa historia pero no de la eterna historia.
El principal motor del argumento y de la trama es tratado a modo de péndulo en torno a este mundo. Un péndulo oscilante que empieza a actuar desde que se inicia la novela, lo que en palabras de Friedman de Goldberg es el “postulado amo versus esclavo”, o blanco versus negro, o europeo versus africano. Del dominio del blanco y europeo pasamos al dominio del negro y africano pero siempre prevalecerá el otro lado de la oposición, el lado del sometido y el esclavizado.
En la novela cada página sabe y suena al mundo del esclavo africano: sus expresiones, sus rituales, su música. Un mundo cuya esencia es, precisamente, la falta de libertad. Es, en el momento en que se apoderan de esa libertad cuando la falta de costumbre lleva a algunos a ejercer el despotismo que había sufrido y a otros a seguir sufriéndolo.

Uno de los principales rasgos de este modo de sentir tan propio es la música que se deja ver en cada renglón por presencia o en esencia. Las estrofas de canciones, la alusión a instrumentos y, por encima de todo, el símbolo por excelencia: el tambor. Emblema de ritos y danzas pero también de rebeliones, símbolo de cultura y de religión.
Carpentier declara en el prólogo que al contemplar las ruinas del palacio llegaría a una conclusión firme y clara sobre el especial carácter del ser americano:
Este ser está más cerca del ritual vodú y del tambor que del protocolo y la fusta. Esto se manifiesta en la novela en primer lugar con la expulsión de los franceses y después con la destrucción de todo lo que implicaba colonialismo. No hay que olvidar que Carpentier, al igual que muchos contemporáneos, estaba empeñado en definir los rasgos decisivos de una cultura y una sociedad hecha de colonos, de esclavos y de muchos pueblos que han dado como resultado una mezcla única y distinta de aquellos que la colonizaron. Y a Carpentier, como a muchos otros, se debe la definición de este mundo.

Pero la novela es también la presentación de una verdad sobre el ser humano universal: el poder conlleva, en manos de quien no sabe hacer uso de él, la tiranía. En el palacio de Sains Souci, en su emperador y en todos los que lo acompañaban está reflejada toda la tiranía de aquellos que fueron esclavos para luego ser tiranos. El reino más valioso al que el hombre debe rendir un mayor homenaje no es otro que “El reino de este mundo.”
Por otra parte, el barroquismo tan característico de la literatura de Carpentier en esta novela alcanza una de sus máximas expresiones porque se manifiesta en una doble vertiente: el contexto propio de la novela y el lenguaje empleado. Por un lado, el primero de ellos es mezcla de culturas, de personalidades, de creencias, religiones,… en un clima extremo de calor sofocante.

En el segundo este barroquismo es manifiesto en la mezcla irreverente de las expresiones coloquiales de los negros, su mundo musical, el lenguaje sentencioso del autor, el absolutismo que ejerce el narrador sobre el lector, una tiranía sobre la sucesión de los hechos, la simbología permanente que este tirano emplea para dar siempre un significado de trasfondo, una lectura oculta que es la que, de alguna manera, ha de darnos la clave. El reino de este mundo es una novela increíblemente rica en matices, experimentación formal y enseñanza. Todo ello a grandes dosis en un reducido y compacto espacio. Quizá tan reducido y compacto como la vida de quien no sabe disfrutarla.








...por Raquel López ...por Raquel López


Patrocinador



Otros Reportajes:


Los más comentados:




Publicidad




Patrocinador




Publicidad



En colaboración:
Fox   National Geographic Channel   Feelnoise   Foxlife   Guinness World Records   Phaidon   Blume   Editorial Planeta

| PortalMundos.com Internacional |
fltx Europa: España fltx América del Norte: México, US en español fltx América Central: Costa Rica, Cuba, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, Puerto Rico, República Dominicana fltx América del Sur: Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela

PortalMundos Factory, S.L. | 2000 - 2013 | Hosting Profesional por :: isyourhost.com ::