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El guardián entre el centeno, de Jerome David Salinger

“El guardián entre el centeno” es una obra magna de la literatura norteamericana del siglo pasado. Alabada por unos y crucificada por otros, la polémica que ha originado desde su primera edición, ha suscitado siempre el debate.

Así, no es de extrañar que sea libro imprescindible en algunas escuelas americanas, mientras que está prohibido en tantas otras. Esta novela de Jerome David Salinger, que narra las aventuras y desventuras de un joven adolescente, que es pura autenticidad, si ha generado controversia es simplemente por eso mismo, por ser sincero y no esconder las típicas gamberradas, problemas e inquietudes de la llamada “edad tonta” o lo que es lo mismo la “edad del pavo”. Un momento sin duda delicado en la vida de cualquier persona, y que afortunadamente, todos pasamos.

Se trata de una novela recomendable a todo el mundo, ya que tiene el encanto de transmitir autenticidad y buen rollo. Quizá por eso, consigue ganarse rápidamente el corazón de cada nuevo lector. Se trata de una obra adecuada para los empeñados en aficionarse a la lectura y que aún no lo han conseguido. Y es que “El guardián entre el centeno” te atrapa… desde la primera página.

Jerome David Salinger es autor de la llamada “generación perdida”. Un movimiento literario de los años 20 en Norteamérica, de visión un tanto pesimista y deprimente. No es de extrañar, pues, que el divertido y entretenido libro de “El guardián entre el centeno” tenga también un toque ácido y a veces, desesperante. Toda una contradicción, al más puro estilo Salinger. Un escritor que en sus obras suele centrarse en estos jóvenes que pasan el difícil momento de dejar el mundo infantil para introducirse en el adulto.
El libro cuenta dos días de la vida de Holden Caufield, un adolescente hablador, activo e ingenioso y en definitiva, especial. Se trata de un niño- bien, cuyos padres están más interesados en sus quehaceres cotidianos que en el bien de su propio hijo. Así, Holden es un joven sin demasiadas ilusiones, sin ambiciones y que se aburre fácilmente. Un buen día, próximo a las vacaciones navideñas, se va de casa porque no quiere explicar a su padre que lo han expulsado otra vez del colegio. Entonces, el joven se siente perdido y no sabe qué hacer. Pero en uno de sus típicos arrebatos decide, entre otras cosas, irse a un hotel. Allí conocerá gente y pasará diferentes peripecias.

Más allá de este viaje a ninguna parte, el protagonista realizará un viaje más lejano todavía. A su propio interior. Se trata de un adolescente confundido que se halla en plena búsqueda de identidad. Holden, con una mirada todavía infantil, va a ver con sus propios ojos lo que es el vicio, la codicia y la violencia. Este “shock” emocional, lejos de abatirlo, propicia la maduración del adolescente. Y es que como es sabido, a base de experiencia, aunque sea duro se puede madurar… O así debería ser. 

Ante la decepción que a veces produce la realidad cotidiana, siempre hay una salida fácil: la evasión. Así, Holden, al que no le gusta para nada su vida, piensa que quiere irse al Oeste. Con ello quiere olvidarse de toda su vida y de todo lo que le rodea, que no lo hace feliz. Y es que el protagonista se da cuenta que casi no tiene amigos y cree que no tiene demasiadas razones para vivir. Pero su proceso de maduración consiste exactamente en esto, en darse cuenta que sí las hay. Por ejemplo tiene a Phoebe, que lo quiere mucho. También se da cuenta que hay esperanzas de cambiar y con ello desiste de irse al Oeste, lo que le conduciría a esconderse de la realidad. Es, pues, al enfrentarse a la realidad, cuando madura y empieza a ser feliz. Si hay algo que realmente admire Holden esto es, seguro, la naturalidad, originalidad y espontaneidad que tienen los niños. Así, casi idolatra a su querida hermana menor, pura autenticidad, frente a la hipocresía y complicación que observa en el mundo adulto. Holden observa el mundo y empieza a pensar que lo que le gustaría ser de verdad es algo sencillo, quizá en esto resida el secreto de la felicidad. Así, desea: “tener hijos y vivir en una cabaña cerca del bosque”. Se ubicaría allí con su familia y leerían buenos libros.

En cuanto al estilo, el lenguaje es directo y sencillo, lo que facilita en gran manera la comprensión del libro, así como su indiscutible amenidad. El lector tiene la sensación de que el protagonista le explica sus pensamientos, de forma espontánea. Tal y como le van surgiendo, uno tras otro. Ello, junto a las verosímiles experiencias que se describen, transmite una sensación de verdad, por lo que es fácil identificarse con el joven muchacho. Es un lenguaje un tanto pasota, que refleja un descaro típico en unas circunstancias de lío interno casi pueril. Es el fruto de una confusión y una rabia, que cualquier joven puede haber experimentado. Aunque la novela se sitúe en el Nueva York de los años 40, se tratan sentimientos y situaciones que son universales.
Acerca de la leyenda negra de la obra, además del debate de si es un libro positivo para los adolescentes o no, existen otras habladurías. Y es que se ha comentado que “El guardián entre el centeno” era el libro de cabecera del asesino de John Lennon. Estaba obsesionado con él y lo llevaba encima en el momento de disparar. Claro que si nos ponemos así: ¿quién no dice que el hombre en cuestión no tuviera también la Biblia, como casi todo el mundo? Ello por citar un ejemplo, entre tantos otros libros, los cuales la gente tiene a veces porque sí. Y si no ¿cuál es el problema? Sería estúpido perderse una obra maestra porque se la leyera un loco, si es que realmente esto fue así.

Finalmente, destacaremos el siguiente fragmento, en el que Holden mantiene una conversación con su hermana menor: “¿Sabes lo que me gustaría ser? ¿Sabes lo que me gustaría ser de verdad si pudiera elegir? (…) Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura”. Como vemos éste es uno de los deseos más profundos del protagonista, reflejo de su nobleza. Un libro pues ¿para prohibirlo?








...por Carme Bosch ...por Carme Bosch


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1 comentario en El guardián entre el centeno, de Jerome David Salinger

  1. “El guardián entre el centeno” está considerado como un libro maldito ya que era el libro de cabecera del hombre que mató a John Lennon. Aparentemente estaba obsesionado con él, y lo llevaba consigo cuando disparó. En todo caso, “El guardián entre el centeno” es un excelente libro.

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