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El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad

Conocer la vida del artífice de una gran novela es siempre un privilegio, tanto para el que la escribe como para el que lo lee, y siempre nos ayudará a encontrar respuesta a preguntas tales como, ¿es una obra autobiográfica?, ¿qué querría expresarnos con esta frase o este título?, ¿todo lo narrado estará relacionado con la vida de este escritor?…

Un sinfín de cuestiones que se nos plantean sólo cuando leemos una novela que verdaderamente nos atrapa y en la que no encontramos la salida que no es otra que el final de la obra, pues bien, eso es lo que sentirá el que se atreva a leer “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad.

“El corazón de las tinieblas” fue escrita entre los años 1898 y 1899, en un momento en que Joseph Conrad –para quien en general, representaba un gran esfuerzo escribir una novela- parecía en encontrar mayor facilidad de lo que era habitual en él. Desde hacía aproximadamente un año, Conrad se debatía con su novela “The Rescue” (que no lograría terminar hasta el final de su vida allá por el 1924) y en el verano de 1898 comenzó a escribir “Youth”, que se publicaría en 1902, junto con dos obras: “The End of the Tether” y “El corazón de las tinieblas”. En ésta última el autor ucraniano consigue sumergir al lector en un mundo alucinatorio en el que predominan las tinieblas de la jungla africana (donde se desarrolla la novela) y la tenebrosidad de los instintos olvidados del ser.

Joseph Conrad nace en Berdiczew (Ucrania), el 3 de diciembre de 1867, en el seno de una familia polaca de la pequeña nobleza. Allá por el año 1861 su padre es detenido en Varsovia, juzgado, condenado al exilio y, por consiguiente, toda la familia tiene que emigrar a Vologda (Rusia). Tras morir sus padres y quedarse huérfano, abandona los estudios y en 1874 el jovencito Joseph Conrad decide embarcase como marinero rumbo a las costas del Caribe. Pero se ve implicado en una oscura empresa de contrabando de armas para la causa carlista de España y sufre un intento de suicidio.

Ya en Inglaterra, patria que pisa por primera vez en el año 1878 y adoptando la nacionalidad británica consigue el Título de Capitán Mercante de la Marina Británica. Al regresar a Londres tiene dificultades para encontrar trabajo y empieza aquí su afición por el mundo de las letras, o mejor dicho, de las letras que convierte en grandes novelas conradianas.

El escritor ucraniano viaja hasta el Congo por el año 1890 y regresa con síntomas de una enfermedad, a partir de esta experiencia (ocho años después) será cuando comenzará a perfilar “El corazón de las tinieblas”, una historia semiautobiográfica. En cuanto su libro “Youth” estuvo acabado, Conrad intentó volver a la novela que había dejado interrumpida “The Rescue”. Fue entonces cuando decidió escribir “El corazón de las tinieblas”, un relato largo basado en su experiencia en el Congo, pero bajo el envoltorio que desarrolla un complejo estudio de emociones humanas.

Es, como prácticamente toda la obra de Conrad una historia de él mismo y, más aún, llegamos a esta conclusión después de leer las siguientes palabras que escribió en el año 1902: “El corazón de las tinieblas es experiencia llevada un poco (y solamente un poco) más allá de los hechos reales, con el propósito, perfectamente legítimo, creo yo, de traerla a las mentes y al corazón de los lectores. Había que dar a ese tema sombrío una siniestra resonancia, una tonalidad propia, una continua vibración que quedara -eso esperaba- suspendida en el aire y permaneciera grabada en el oído después de que hubiera sonado la última nota”.

La historia fue escrita como una novela más, donde se planteaban los temas que obsesionaban al autor ucraniano: el problema de la soledad humana, la lucha del hombre en su enfrentamiento con las fuerzas incontrolables de la naturaleza. Pero con “El corazón de las tinieblas”, como lo hiciera dos años antes con su obra “An Outpost of Progress”, Joseph Conrad se vale de sus conocimientos directos para renunciar, o por lo menos criticar con amarga ironía, los excesos de la civilización occidental en su colonización de estas tierras primitivas y también recurre a Marlow, un capitán de barco inglés (personaje que desempeña el mismo oficio que el propio escritor) del que Conrad se vale pare contar sus vivencias personales.

Y este Marlow resulta ser un personaje muy especial sobre el que recaen simultáneamente varios cometidos dispares. El autor ucraniano lo utiliza para introducir una técnica narrativa nueva en él: la narración dentro de la narración; una técnica que permite al autor situarse al margen, entremezclando con el reducido grupo de asiduos que conforman el entorno de Marlow y salpicar su relato con algún comentario extemporáneo, normalmente. Por su parte, el Marlow narrador conforme vamos leyendo el libro no da la sensación de ser un personaje de carne y hueso, sino que parece más bien simbolizar una actitud moral: la del propio Joseph Conrad.

Otro rasgo importante es el arte del novelista ucraniano que se sirve de la descripción de manera casi exclusiva para hacernos entrar en este mundo de pesadillas –alucinaciones- en que se desarrolla “El corazón de las tinieblas”: < < "La desembocadura del Támesis se extendía ante nosotros como el principio de un interminable canal. En la lejanía, el mar y el cielo se soldaban sin juntura, y en el espacio luminoso las curtidas velas de las gabarras empujadas por la corriente parecían inmóviles racimos rojos de lona, de afilada punta, con reflejos de barniz. >>” ¹

En definitiva esta novela posee un alto grado de complejidad, de intriga y apoyándose en la solidaridad de los lectores, Joseph Conrad, hace un llamamiento hacia nuestros propios sentidos: es necesario que todos entren en el juego mientras leemos… ¿quieren jugar?…

Si es sí su respuesta les recomiendo que lean “El corazón de las tinieblas” y desde las primeras páginas de este libro se introducirán en un mundo de tinieblas en el que el ritmo narrativo va in crescendo para crear, finalmente, una atmósfera opresiva, cargada de sensualidad, en donde todo parece apresado en la densa tela de araña de una inmensa jungla que empieza y termina en la desembocadura del Támesis. Por ello en esta joya literaria no hay estrictamente, ni principio ni final, porque el final es más que nada la vuelta al principio, a la noche londinense y también a los orígenes del hombre.








...por Virginia Marín ...por Virginia Marín


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