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El árbol de la ciencia, de Pío Baroja

Pío Baroja (1872-1956) fue un hombre solitario y tímido, con un gran afán de independencia. Se definía a sí mismo como una de esas personas que están “enfermas” por el hecho de tener una sensibilidad desbordante.

Huyó siempre del matrimonio y su represión le llevó a tener un carácter poco afable. Su personalidad no es más que un reflejo de su ideología, marcadamente pesimista. Así, según él: “la vida es esto, crueldad, ingratitud, inconsciencia, desdén de la fuerza por la debilidad”. Tenía una concepción muy negativa del hombre, al cual consideraba un ser malo y egocéntrico por naturaleza. Sin embargo, en el fondo era un sentimental nato, tierno y comprensivo, sobretodo con las personas más necesitadas y vulnerables.

El Árbol de la Ciencia de Pío Baroja es una de las obras que refleja mejor el panorama español de finales del XIX. Según el mismo autor es “el libro más acabado y completo de todos los míos”. Por otro lado, según Azorín, en esta obra encontramos “mejor que en ningún otro libro el espíritu de Baroja”. Se trata de una biografía del personaje protagonista o, según como se mire, del mismo Baroja. Sobretodo por el trabajo de médico, el apolitismo y el pesimismo. Lo que se da en los dos. El escritor plasma su ideología a través de la figura de Andrés Hurtado, que pertenece a una familia de clase media. Su madre está muerta y los cinco hermanos viven con su padre, con quien Andrés se lleva fatal. Tienen ideologías muy distintas. Andrés no soporta a su progenitor, que representa la típica figura burguesa. Empieza el libro con la llegada de Hurtado a la universidad. En este entorno sucederá el primero de una triste sucesión de desengaños. Así pues, el joven alumno de medicina acude a unas aulas repletas de profesores que “enseñan” sin ganas. Al muchacho, pues, pronto se le termina la pasión por aprender. Sin embargo, sigue adelante con su carrera. Pero otro triste acontecimiento ocurrirá pronto y marcará su vida para siempre. Así, su hermano menor muere enfermo de tuberculosis. Es en este punto cuando llegamos al quid de la obra. Y es que el protagonista se da cuenta de la invalidez de la ciencia, algo en principio exacto e incuestionable, la cual no ha podido salvar a su hermano. Andrés vive, por un tiempo, con una mujer casada, cuyo marido suele estar ausente. No es una historia de amor trascendente, como sí lo es la que tendrá con Lulú. Con esta última vive un amor auténtico, que se refleja sobretodo al final de la novela. Éste será uno de los pequeños momentos optimistas del libro o, más bien dicho, el único. Pero después Lulú fallece dando a luz a un bebé muerto. Ello representa el dolor de nacer en una vida, según el autor, totalmente carente de sentido.
Un personaje interesante en la novela es Iturrioz. Así, Andrés, eternamente decepcionado y pesimista, acude a menudo a su tío. Iturrioz, pues, se convierte en su brújula, en una especie de guía espiritual. Los dos personajes mantendrán varios diálogos platónicos. Además, el tío de Andrés cumple con la función de eje en el libro. Así, acompaña desde la distancia la carrera del joven.

Para entender esta obra de Baroja algunas palabras clave son: desorientación, desesperanza, desasosiego, “estar enajenado”, pérdida y privación. Y es que Baroja se sirve del drama individual de Andrés Hurtado para reflejar el drama nacional de la España de aquellos tiempos. Se trata de un retrato crudo y ácido del país, antes y después de la pérdida de Cuba. La prensa desinforma, la política es cínica y la sociedad está histérica. Estamos, pues, ante una España en plena crisis de identidad, que se queda sin su imperio y su tradicional actitud de superioridad. La España de 1898 dejó, en aquel momento, de sacar provecho de su imperio colonial. Esta desastrosa pérdida marca a Baroja y a toda la sociedad española, de forma negativa. Es el típico y profundo pesimismo que caracteriza a la Generación del 98.

Por otro lado, el autor nos describe la política de la época, en la que los partidos son como tribus o clanes. El escritor se refiere a éstos como animales. Así, nos habla de los Ratones y los Mochuelos. Ello nos da a entender la animalidad de las relaciones humanas. El recurso de la animalización sirve, pues, para reflejar la pésima concepción que tiene Baroja del hombre y de todo, en general.
La filosofía, basada en el pesimismo existencial, es otro tema imprescindible para entender la novela. Andrés devora los libros de filosofía. Sobretodo es fiel seguidor de la ideología de Kant y Schopenhauer. Según este último, el género humano es un juego de la naturaleza, la cual utiliza al hombre para reproducirse y lo engaña con falsas ilusiones placenteras, que pronto acaban.

En cuanto al estilo, según Pío Baroja, la novela es como un cajón de sastre, en el que cabe todo. Según algunos críticos, Baroja tiene un estilo un tanto descuidado. Pero lo cierto es que su prosa es clara y sencilla. Además el autor se caracteriza por su total sinceridad. Es de esas personas, pues, que no quiere engañar ni engañarse. Se trata, sin duda, de un carácter noble. El mismo autor decía que lo importante al escribir es la naturalidad. Pero el escritor es, ante todo, realista. Se basa en la observación de la realidad. Eso sí, bajo la mirada subjetiva de su propio “yo”. Utiliza, así, una prosa natural y antirretórica, ideal éste último de todos los escritores pertenecientes a la Generación del 98. En El Árbol de la Ciencia las frases cortas son numerosas y con mucha fuerza expresiva, además. Señalaremos las descripciones líricas a través de las cuales, el narrador remata extensos pasajes y en las que logra plasmar el ambiente y la sensación de lo narrado.

Con respecto a los personajes, los protagonistas de Baroja son, generalmente, seres vulnerables, marginados y/o divorciados de la sociedad. Las obras de este autor están, normalmente, repletas de personajes secundarios, que van y vienen a su antojo. Aunque éstos aportan, claro está, la sensación de variedad. Algo muy típico en la vida diaria.

El título, El Árbol de la Ciencia, es una clave de la obra. Se trata de una genial metáfora del panorama español de 1898. Al tomar el fruto prohibido del árbol de la ciencia, Adán y Eva fueron expulsados del edén. Sucede lo mismo con la España del 98. Así, con la pérdida de las últimas colonias americanas: Cuba, Puerto Rico y Filipinas, España, al igual que Adán y Eva, pierde también su paraíso.








...por Carme Bosch ...por Carme Bosch


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2 comentarios en El árbol de la ciencia, de Pío Baroja

  1. “El árbol de la ciencia” es, para el propio Pío Baroja, “el libro más acabado y completo de todos los míos”.

  2. Ha sido considerada “El árbol de la ciencia” de Pío Baroja la novela típica del 98 por producirse en su decurso la derrota española ante Estados Unidos. Un libro que vale la pena leer.

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