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Edipo Rey, de Sófocles

“De modo que nadie considere feliz a quien todavía tiene que morir, sino que le debe examinar con toda atención todos los días de su vida, incluido el último en que vea la luz, hasta que franquee el límite de su vida sin haber sufrido nada doloroso”.

Esta es la frase que, pronunciada por Corifeo cierra el Edipo Rey de Sófocles y que, a modo de consejo, alude a la experiencia vivida por Edipo. Éste, presentado al inicio de la obra como el todopoderoso tyrannos que ha salvado a Tebas de la maldición de la Esfinge, se convertirá, en la resolución, en el vil y traidor pharmakos que tiene que ser expulsado de la ciudad para que vuelva a gozar del orden necesario para su buen funcionamiento.

Sófocles escribió Edipo Rey entre los años 440-425 a.C., época en la que Atenas, bajo el gobierno de Pericles (que representaba los intereses de la clase mercantil) consiguió una extraordinaria prosperidad. La ciudad se llenó de monumentos y la vida intelectual se enriqueció con personalidades como la de Sócrates, Fidias o el propio Sófocles, entre otros. Durante el siglo V a.C. Grecia, y particularmente dicha ciudad, fue también notablemente prolífica por lo que concierne a la creación de obras trágicas, de las que nos han llegado aquellas de Esquilo, Eurípides y Sófocles.

Las siete obras teatrales que se conservan íntegramente de este último (Áyax, Las Traquinias, Antígona, Edipo Rey, Electra, Filoctetes y Edipo en Colono) ponen de relieve su admirable estilo literario, caracterizado por el equilibrio, la armonía y el uso frecuente y magistral de la ironía. De todas ellas, Edipo Rey es la obra de la que se han hecho, y se hacen, más lecturas, al ser tomada como modelo paradigmático del género trágico.

Como ya se ha apuntado anteriormente, Edipo rey se inicia con la presentación del héroe como tirano de Tebas y, por lo tanto, como aquél en cuyas manos reside la solución para terminar con la desgraciada peste que en esa época diezma a la ciudad. Según el oráculo de Delfos, el final de la epidemia llegará en el momento en el que se expulse de Tebas al asesino de Layo, antiguo tirano de la ciudad y padre natural de Edipo. Mientras este pharmakos continúe viviendo en ella, la contaminación del territorio seguirá su curso, condenando a muerte a todos aquellos que también la habitan. Así pues, Edipo empieza obstinadamente la búsqueda de este personaje maldito, sin saber que es él mismo quien lo encarna, siendo, pues, el culpable de la muerte de su propio padre. A medida que avanza el relato, y gracias a las intenciones del ciego adivino Tiresias, de la reina Yocasta y de un sirviente del reino, Edipo va reuniendo todas las piezas necesarias para descubrir su propia historia. Criado por los reyes de Corinto, que le hacen de padres, Edipo se escapa de casa al crecer, temiendo que la palabras del oráculo (”matarás a tu padre y te casarás con tu madre”) se hagan realidad. Cuando llega a Tebas, y después de haber matado a Layo, derrota con su ingenio a la perversa Esfinge, que tiene atemorizada a la ciudad. Como premio, Edipo se convierte en el tirano de la misma, casándose con la viuda de Layo, la reina Yocasta, con la cual tiene cuatro hijos. La reina, sin embargo, resulta ser su madre biológica que, juntamente con Layo, y para evitar el cumplimiento del oráculo, donaron al recién nacido a un criado para que lo matara en las montañas. Éste, en cambio, compasivo, lo ofrece a un pastor, que a su vez lo regala a los reyes de Corinto, deseosos de tener un hijo. El momento culminante de la obra es, precisamente, aquél en el cual el protagonista descifra el enigma de su propia existencia, causando el suicidio de Yocasta. Ciego, pues él mismo decide arrancarse los ojos, Edipo abandona Tebas para no volver nunca más.

Si puede afirmarse con rotundidad que Edipo es un modelo ejemplar de héroe trágico es porque en él se asienta la tragedia entera, es decir, de él parten y a él llegan todos los estímulos que hilvanan su acción. Caudillo de Tebas, orgullo y salvación de la ciudad, acaba siendo el peor de la tierra, deshonrándola y llevándola a la desgracia. Lúcido y ciego, inocente y al mismo tiempo culpable, se sitúa, al principio de la obra, más allá de la condición humana: salvando al pueblo de la maldición de la Esfinge, su superioridad se acerca a la de los dioses.

Paradójicamente, sin embargo, termina excluido de la comunidad, reducido a la nada, como una bestia. Así, pues, Edipo representa la distancia entre los dioses y los hombres, y, al mismo tiempo, aquella que dista entre estos últimos y los animales. Su perspicacia y voluntad para identificarse se convierten en la Hybris que precipita la catástrofe y favorece la propia destrucción. En este caso, pues, la Sophrosyne no es otra cosa que el deseo de ignorar la verdad de los sucesos, deseo personificado en Yocasta, que en todo momento intenta detener las investigaciones de su hijo y marido. Tal y como afirma J. Donado, “el mejor de los bienes que asisten al hombre, la inteligencia, no es más que pura sombra”¹. El ingenio, que en su día fue, para Edipo, la llave que le abrió las puertas del reino de Tebas, termina convirtiéndose en su propio enemigo.

Por otro lado, la desmedida del héroe viene dada también por la superposición generacional que encontramos en la relación de descendencia de Edipo y Yocasta. La boda entre madre e hijo altera todos los vínculos del parentesco: la esposa de Edipo es su propia progenitora; sus hijos son a la vez sus hermanos; y su cuñado, Creonte, es también su tío. La inexistencia de una clara designación de papeles dentro del seno familiar, puesto que no hay posiciones estables, provoca, como consecuencia, el desorden y el caos en la ciudad. Aunque de modo inconsciente, Edipo vulnera las leyes que conforman la moral colectiva, destruyendo así la armonía de esta colectividad. Con su exilio, Edipo, ciego pero al fin portador de un alma iluminada por la verdad, se encamina hacia aquella Sophrosyne que, en tiempos de gloria, se escondía bajo la oscuridad más absoluta.

¹ DONADO VARA, José. Prológo a SÓFOCLES, Tragedias completas, Cátedra, Madrid, 1998. Pág. 198.








...por Coral Malanda ...por Coral Malanda


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4 comentarios en Edipo Rey, de Sófocles

  1. “Edipo Rey” es una obra de Teatro escrita por Sófocles que narra la historia de Edipo, un desventurado príncipe de Tebas, hijo de Layo y de Yocasta.

  2. “Para Aristóteles el Edipo de Sófocles es el modelo de tragedia perfecta. (…) Sófocles ha dispuesto los hechos y el proceso de descubrimiento con una sabiduría admirable, capaz de provocar, como querían los antiguos, el temor y la compasión en grado supremo”.
    Ignacio Arellano

  3. Creo que “Edipo Rey” es bastante bueno, deja mucho que pensar al saber que Sófocles pudo realizar toda esta trama, causando al lector el temor y compasión en grado supremo que Edipo sentía.
  4. “Edipo Rey”, de Sófoclesme es un libro que me costó aprender, pero finalmente lo entendí.

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