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Cándido, de Voltaire

En el siglo XVIII apenas empezaba a percibirse el umbral de la modernidad que hoy, a pesar de sus comodidades y bienestar, también puede resultar asfixiante.

Entonces se dibujaban los inicios de un futuro radiante que, gracias a la razón y al progreso, nos tenían que liberar de la opresión y hacernos felices. Voltaire creía en la Razón y escribió Cándido, una novela en la cual se ríe de la estupidez humana y del optimismo imperante en su época, el cual se fundaba sobre la racionalidad divina, postulando al hacerlo una fe dogmática en un mañana radiante.

El Cándido de Voltaire ocupa una posición central dentro del discurso ilustrado, ya que éste tuvo en su punto de mira primordialmente la Fe, entendida como adhesión desprovista de cualquier espíritu crítico a un sistema dado de ideas, es decir, confeccionado por otros. El caballo de batalla de la ilustración y de todo el llamado Siglo de las Luces fue la Razón, opuesta a la superstición en general y al dogma religioso en particular, a los cuales disputa la representación del mundo y del hombre. En la obra de Voltaire, publicada en 1759 y, por lo tanto, en la madurez de su autor, el dogma a rebatir es el del optimismo metafísico de Leibniz, enunciado en su Teodicea (1710) y en la Monadología (1714), y consistente en la creencia que una armonía preestablecida rige el universo. Sin embargo, la ácida pluma de este máximo exponente del despotismo ilustrado carga también contra instituciones (como el ejército, la nobleza y la iglesia), países (como el del mismo Voltaire, Francia) y creencias (como el protestantismo, el judaísmo y el catolicismo, ejemplificado en los jesuitas y en los curas).

Por lo que respecta al género al cual pertenece Cándido hay que destacar que la personalidad del autor se adapta fielmente a esta forma de narración que es la novela filosófica, de la cual es un paradigmático exponente esta pequeña obra maestra de Voltaire. Éste fue uno de esos pensadores con afán democrático por lo que concierne a la transmisión de sus doctrinas. Voltaire quería que su filosofía llegara al pueblo, a pesar de que este objetivo lo forzara a adaptar la terminología de su pensamiento al nivel cultural de la mayoría. La literatura, en aquella época, era el medio más apropiado y eficaz para popularizar la filosofía. Y Voltaire lo consiguió, reuniendo prácticamente todos sus pensamientos en una novela extraordinariamente enriquecedora y al mismo tiempo entretenida.

En Cándido Voltaire nos habla de las aventuras de un personaje alemán, Cándido, de juicio sano y alma sensible, aunque un poco ingenuo y confiado, a quien acompaña su preceptor Panglos, transmisor de una máxima que iluminará el camino de Cándido: “Las cosas no pueden suceder de otro modo porque, estando todo hecho para un fin, todo lleva necesariamente al fin mejor”.

El desarrollo de la trama recuerda, en cierto modo, al peregrinaje quijotesco, adornado en este caso con algunas muestras de la picaresca española. Tal y como le sucede al personaje de Cervantes, el héroe de la novela se provee de un sirviente (primero Cacambo y luego Martín), compañero dialogante como Sancho, y con él deambula por el mundo a la búsqueda de una idealizada Dulcinea: Cunegunda. La acción, sin embargo, excede los límites de un país e, incluso, del mundo antiguo, estendiéndose también por el nuevo mundo. De Westfalia, lugar de su nacimiento, Cándido se desplaza y vive sus primeras aventuras en Bulgaria. De allí se va a Holanda, donde se embarca hacia Portugal. Establecido en Lisboa, y después de escapar de la tormenta y el naufragio, le espera la terrible experiencia del terremoto, concretamente el de 1755. De Portugal pasa Cándido a España, y en Cádiz se embarca con destinación a América meridional, esperando encontrar allí al mejor de los mundos posibles. Después del largo viaje, Cándido llega a Buenos Aires, donde el gobernador español le roba a su prometida, Cunegunda. Huyendo de las amenazas del aquél, Cándido se traslada a Paraguay, donde busca refugio en las reducciones establecidas por los jesuitas alemanes. Allí descubre al hermano de Cunegunda convertido en sacerdote, a quien cree matar a raíz de una desafortunada discusión. Después del incidente, él y Cacambo huyen de Paraguay hacia el país de los “orejones”, que capturan a los fugitivos y a punto están de devorarlos, puesto que los suponen enemigos jesuitas. Esclarecidas sus respectivas identidades, prosiguen su camino hacia Cayena y Surinam. En el largo trayecto a través de selvas y montañas les espera la sorpresa de llegar a un país insospechado y utópico: El Dorado, “el país donde todo está bien”.

La estancia en el Dorado se perlonga un mes, gracias a la gentileza y generosidad de sus habitantes, al atractivode sus costumbres y a la abundancia de sus riquezas. “Quien ha vivido en El Dorado”, confesará Cándido, “no se cura de ver cosa ninguna de este mundo”. Cargados de oro y piedras preciosas, Cándido y Cacambo abandonan El Dorado con destinación a las Guayanas. Cacambo vuelve desde allí a Buenos Aires, mientras que Cándido espera la oportunidad de volver al Viejo Mundo, con Martín, su nuevo sirviente. La trama continua en Europa, concretamente en París, Venecia y Turquía, donde Cándido encuentra finalmente a Cunegunda, envejecida pero dispuesta a recibir sus favores.

Cándido nos habla, por lo tanto, de la ingenuidad de un personaje que no parece estar hecho para vivir en su época: el ilustrado siglo XVIII. Un hombre que no tiene la suficiente malicia, que le falta la astucia necesaria para hacer frente al mundo en el que crece. Sin embargo, a pesar de lo que pueda parecer, en el Cándido de Voltaire prevalece el optimismo. El héroe, que viaja a la búsqueda de un mundo perdido en el espacio (el mejor de los mundos posibles), nunca se da por vencido. La búsqueda del héroe se lleva a cabo dentro del universo exterior y lejano que persigue, animado por su amigo Panglos y por su amor a Cunegunda, que no son ni la ilustración ni el saber, sino el prejuicio y el oscurantismo, o en opinión de Voltaire, la estupidez humana. Y es precisamente por eso que Cándido nunca podrá conseguir su objetivo; no se llega al mejor de los mundos posibles montado a caballo de los prejuicios, de las fábulas y de las leyendas, sino que sólo puede uno encontrarlo mediante la locomotora de la ilustración. Así pues, a pesar de la candidez de Cándido, la Razón triunfa en la novela de Voltaire.








...por Coral Malanda ...por Coral Malanda


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3 comentarios en Cándido, de Voltaire

  1. Voltaire expresa las gravísimas contradicciones que le obsesionaban. Bajo el disfraz de la extravagancia y de lo bufo, el escritor se confiesa con toda claridad que un hombre de su temperamento, te racionó a las expansiones de ese tipo y de las confidencias personales, puede hacerlo. Este escrito es llamado “Cándido” porque el personaje principal que Voltaire utilizó para su expresión tiene dicho nombre.

  2. En “Cándido” Voltaire se opone a la “Divina providencia” y a la concepción, formulada inicialmente por Leibniz, de que éste es el mejor de los mundos posibles.

  3. La capacidad satírica del gran autor francés Voltaire se pone de manifiesto en esta extraordinaria novela corta, “Cándido”, una divertidísima e irónica crítica a la filosofía de Leibniz, quien afirmaba en su teoría de la armonía preestablecida que nos hallábamos en el mejor de los mundos posibles, y un miramiento mordaz a la sociedad e ideologías de la época en un gozoso trayecto repleto de penurias para su protagonista, el optimista Cándido.

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