El escritor chileno Vicente Huidobro es conocido, fundamentalmente, como poeta gracias a obras como El espejo de agua (1916), Ecuatorial (1918) o Altazor (1919), y como adalid del llamado “Creacionismo” junto a autores españoles como Juan Larrea o Gerardo Diego.
Una de sus obras más singulares es Cagliostro, que recibió el sugestivo subtÃtulo de “novela-film”. Se trata de un libro que intenta trasladar al ámbito literario procedimientos propios del lenguaje cinematográfico. El tÃtulo alude a su principal protagonista: el conde de Cagliostro, una controvertida figura del siglo XVIII francés, ligada al ocultismo, a la alquimia y a la masonerÃa, y que ha sido también tratada literariamente por Alejandro Dumas (en Vida de Giuseppe Balsamo, de 1846-1848, y El collar de la reina, de 1849-50), y cinematográficamente en la pelÃcula alemana Cagliostro (1928), en otra pelÃcula homónima de 1949, en la que dicho personaje fue interpretado por Orson Welles, en el film de animación de Hayao Miyazaki El castillo de Cagliostro (1979) o en la reciente El misterio del collar (2001), protagonizada por la oscarizada Hilary Swank y en la cual la interpretación del conde recae en Christopher Walken. Como curiosidad, uno de los personajes del cómic Spawn creado por Todd McFarlane y uno de los personajes de los antiguos cómics de la Marvel reciben su nombre. La veracidad histórica de algunas informaciones que sobre él se poseen es cuestionable; los masones reivindican una imagen menos fabulosa de Cagliostro, cuya figura consideran muy distorsionada por falacias vertidas por la Inquisición para desacreditar al “genuino” conde Alessandro de Cagliostro, Gran Maestro de la Orden Rosacruz al que se deberÃan importantes aspectos de sus ritos.
El texto fue escrito inicialmente en francés y posteriormente publicado en castellano en 1934. En la época en la que el proyecto estaba siendo gestado como guión por encargo del cineasta rumano Nime Mizú (año 1923) los cánones expresivos del cine mudo estaban en pleno apogeo. La irrupción del cine sonoro en 1927 hizo que una posible plasmación como pelÃcula quedara relegada.
Sus rasgos responden a la “contaminación” entre diferentes manifestaciones artÃsticas y a la ruptura de las fronteras genéricas favorecida por la Vanguardia. El recurso a la hipérbole (que tiene su correlato en la sobreactuación de los autores del cine mudo) y a la yuxtaposición (que conecta con el montaje cinematográfico, la discontinuidad y las elipsis narrativas) son rasgos vanguardistas con mucho peso en la obra.
La influencia del expresionismo cinematográfico, que alcanzarÃa en Alemania su máximo esplendor de la mano de directores como Robert Wiene, Fritz Lang o Friedrich W. Murnau y obras como El gabinete del Doctor Caligari (1919), El Doctor Mabuse (1922) o Nosferatu (1922), se hace notar con gran intensidad en la novela. Además de las técnicas y aspectos formales a los que he aludido, Cagliostro comparte con pelÃculas como las citadas el interés por personajes excéntricos, con un halo mágico y misterioso a su alrededor, que frecuentemente transgreden ciertas leyes y reciben algún castigo por ello (recuérdese también a Fausto y la adaptación de este mito por Murnau en 1926). Al igual que el Dr. Mabuse, Cagliostro es un hipnotizador; de ahà la insistencia en el poder y la intensidad de su mirada, rasgo muy explotado en el cine expresionista y sus herederos (no hay que olvidar el Drácula rodado en 1931 por Tod Browning y su énfasis en la mirada de Bela Lugosi). El recurso a los claroscuros y a los juegos de luces y sombras también constituye otra clara herencia del expresionismo. Asimismo, Cagliostro comparte con Caligari esa citada capacidad de hipnosis, asà como cierta similitud fónica en el nombre.
El escritor chileno mostrarÃa ese interés por personajes excéntricos también en una obra de teatro sobre Gilles de Raiz de 1932 que, junto con la obra que nos ocupa y la novela MÃo Cid Campeador (de 1929 y de carácter también fÃlmico), compone una especie de trilogÃa dedicada a personajes históricos con fuerte carga ficcional aprovechada por Huidobro para dar rienda suelta al afán fabulador y a la invención propiamente literaria. La elección de Cagliostro como protagonista responderÃa también a la afición del propio Huidobro por las ciencias ocultas, que estudió en ParÃs, y seguramente a la imagen del personaje como un individuo capaz de actuar sobre la realidad y cambiarla, en consonancia con el afán creacionista de investir al poeta con poderes de demiurgo.
El autor consideraba que las innovaciones introducidas por el cinematógrafo habÃan preparado sobradamente al público para recibir y comprender su novela-film, “novela visual”, según sus propias palabras. En el texto titulado “Del autor al lector”, que antecede al cuerpo de la novela, se contiene toda una declaración de intenciones en la que se pone al receptor en situación para recibir la obra como esa novela-film que pretende ser: “Suponga el lector que no ha comprado este libro en una librerÃa, sino que ha comprado un billete para entrar al cinematógrafo. Asà pues, lector, no vienes saliendo de una librerÃa sino que vas entrando al teatro”1. Las apelaciones al lector como espectador de un film se suceden en el texto.
Se recrea un mundo un tanto folletinesco, de sociedades secretas, intrigas palaciegas y amores tumultuosos. Como el propio autor explica en el prólogo, la trama se centra en la estancia del protagonista en Francia, omitiendo sus andanzas en otros paÃses (Cagliostro fue un incansable viajero). AsÃ, asistimos a su llegada en el marco de una escenografÃa marcadamente gótica, entre tormentas y ruinas, a su estancia en Estrasburgo como médico y sanador casi identificado con la figura de Cristo (llega a dirigirse a uno de sus pacientes, a quien acaba de salvar de la muerte, como “mi Lázaro”, y la gente se postra ante él y besa sus ropas), a los inútiles intentos de sus adversarios por desacreditarle y tenderle trampas, a la narración de las duras pruebas que tuvo que afrontar para obtener sus profundÃsimos saberes y a la difÃcil relación con su esposa Lorenza, quien antes le amaba pero ahora le aborrece y le teme, asustada por sus enigmáticas artes. Los datos y personajes históricos que rodearon a la figura de Cagliostro se combinan con la pura fabulación vertida en las páginas de esta novela fÃlmica por la pluma de Huidobro.
1 Vicente Huidobro, Cagliostro, Santiago de Chile: Ed. Andrés Bello, 1978, pág. 16.

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“Cagliostro” es la novela creacionista más audaz de Vicente Huidobro puesto que fue pensada en función del nuevo arte: el cine mudo.