Nacida en 1929, Ana Frank fue uno de los cientos de miles de niños y adolescentes judÃos que murieron vÃctimas del exterminio nazi.
En su caso, sin embargo, su testimonio perduró en forma de diario escrito. Aunque fue su única obra, ha sido traducida a 55 idiomas y se ha convertido en uno de los textos más influyentes del siglo XX.
Ana Frank nació el 12 de junio de 1929 en Frankfurt, Alemania. Segunda hija de Otto Frank y Edith Frank-Holländer, se trasladó junto a su familia a Amsterdam durante el verano de 1933, cuando el partido nacional-socialista, liderado por Adolf Hitler, llegó al poder.
Hasta 1940, un año después de que estallara la Segunda Guerra Mundial, la familia Frank se sintió libre y feliz. Su padre fue nombrado director de la Travies N. V., firma asociada con Kolen & CÃa., y su madre dedicaba todo su tiempo a cuidar a la pequeña Ana y a la hermana de ésta, Margot, tres años mayor que ella. Sin embargo, el 15 de mayo empezó la pesadilla para ellos y para el resto de judÃos del lugar: el ejército alemán invadió Holanda, inaugurando asà su cruel y radical persecución antisemita.
Pero no fue hasta el 12 de junio de 1942, el dÃa de su decimotercero aniversario, que el diario de Ana Frank cobró existencia. Fue su mejor regalo de cumpleaños y, en tanto que tal, la joven no tardó en estrenarlo. Lo hizo con las siguientes palabras: “Espero ser capaz de confiar en ti todo, como jamás he podido hacerlo con nadie antes que tú, y espero que tú me sirvas de apoyo”.
El diario, escrito en holandés y en estilo epistolar, iba dirigido a su amiga imaginaria Kitty, a quien a partir de entonces harÃa partÃcipe de sus vivencias y reflexiones cotidianas, asà como de sus peores temores. De hecho, las pesadillas de la pequeña Frank se harÃan muy pronto realidad: el 5 de julio de ese mismo año, cuando Alemania empezó la deportación de los judÃos holandeses a los campos de exterminio de Auschwitz-Birkenau y Sobibor, en la Polonia ocupada, Ana y su familia tuvieron que esconderse junto a Hermann y Auguste Van Pels y su hijo Peter en la calle Prinsengracht Nº 263, en un desván secreto situado en la parte posterior de la oficina de un negocio. Pasaron allà recluidos más de dos años, sobreviviendo a base de los favores concecidos por parte de los antiguos compañeros de trabajo del patriarca de la familia, y siempre bajo la amenaza constante de ser descubiertos por la GESTAPO.
Durante 25 meses, la monotonÃa, el hastÃo y el pánico constituyeron los pilares de su mundo, que Ana se afanaba en registrar dÃa tras otro en su diminuto cuaderno de tapas rojas. En sus páginas figuraban desde sentimientos pueriles, propios de su edad, hasta perspicaces reflexiones.
El diario de Ana Frank se publicó en 1947, dos años después de que finalizara la guerra. Adaptado al teatro en 1956 por Frances Goodrich y Albert Hackett, los escritora de la malograda adolescente también fueron trasladados a la gran pantalla, en esta ocasión de la mano del director de cine norteamericano George Stevens, en 1959.

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Su Diario me impactó. Creo que es una obra que todo el mundo deberÃa leer, para aprender a apreciar las pequeñas cosas.
“Espero poder confiártelo todo,
como hasta ahora no he podido hacerlo con nadie
ConfÃo también en que tú serás
Para mà un gran sostén”
Con esas palabras Ana Frank inició su famoso diario.
Ana Frank escribÃa en su diario sin pensar que se convertirÃa en uno de los diarios más leÃdos de todos los tiempos.